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Más boludo que las palomas

¿Qué llevó a las palomas a convertirse en el parámetro con el que se mide la boludez? ¿Por qué las palomas? ¿Qué tan boludas son?

Durante toda nuestra vida, repetimos dichos populares sin detenernos a pensar lo que estamos diciendo. Por ejemplo, cuando queremos referirnos a alguien que es muy boludo, decimos que es “más boludo que las palomas”. ¿Por qué las palomas? ¿Qué tan boludas son? ¿Qué las llevó a convertirse en el parámetro con el que se mide la boludez? ¿Cómo sería la escala? ¿Un poco, normal, muy boludo, más boludo que las palomas?

La actual actitud despectiva hacia las palomas, sin embargo, no siempre ha sido así. Las palomas mensajeras, por ejemplo, que recorrían grandes trayectos cargando una misiva (¡y llegaban a destino!), no debían ser nada boludas. Este animal, que es ni más ni menos que el símbolo de la paz, supo ser –también– orgullosa cara del logo de Canal 9 Libertad en sus buena épocas.

Pero es cierto que, en el último tiempo, las palomas han venido perdiendo mucha de esa hidalguía que tenían en el pasado. Cuando era chica, a las palomas se las alimentaba en las plazas: se les daba de comer deliberadamente. Hoy son consideradas no más que “ratas con alas”.

Con respecto al origen del dicho, sin embargo, parece que se trata más bien de un tema de adaptación a un nuevo ámbito. Se dice que la comparación original –que provenía del campo– afirmaba que uno era “más boludo que las gallinas”. Y que, al trasladar el refrán a la ciudad, simplemente se cambió el animal por uno que estuviera más a mano. Y así, las pobres palomas alcanzaron el número uno del ranking de boludez en la Argentina.

¿Son más boludas las palomas o las gallinas?

Con la urbanización y la migración masiva de la gente hacia las ciudades la frase original cambió de “más boludo que las gallinas” a “más boludo que las palomas”. Pero ¿es justa la comparación para las palomas?

A continuación enumeraré una serie de razones por las cuales creo que se ha estigmatizado a las palomas con el cambio de ámbito:

Y sí, tiene razón la gente de campo entonces. ¡No hay nada más boludo que las gallinas!

Con esto queda claro que la comparación no es nada beneficiosa para las pobres palomas. Pero los dichos populares no suelen ser justos y se van modificando según su uso. Y en este caso las que salieron perdiendo son las palomas. Desafortunadas por haber aterrizado en las ciudades quedaron relegadas a las escoria de la boludez argentina.

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