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Los mendocinos somos cheroncas

La costumbre de dar vuelta las palabras es histórica. Sonamos más cheroncas, o cancheros, para hablar correctamente. Hay decenas de ejemplos.

La práctica de dar vuelta algunas palabras al momento de pronunciarlas pasó a ser sinónimo de una persona pícara, inteligente, cool. Sin embargo, en realidad, esto no hace más que mutar nuestro idioma. Aunque, del otro lado, podrá explicarse que estas palabras invertidas forman parte de nuestra idiosincrasia. Aquí van algunos ejemplos.

Langa: de tanto que se ha mencionado, son pocos los que han advertido que, en realidad, se trata de la palabra “galán”, invertida. Así, al dar vuelta la palabra, sonamos un poco más langas, paradójicamente.

Cheronca: estas son palabras que no solo están dadas vueltas, sino que también les falta alguna letra ya que, de respetarlas, quedaban un tanto cacofónicas. Se trata de la palabra “canchero” que, si la damos vuelta, debería ser “cherocan”, pero queda mejor mover la “n” de lugar.

Tordo: el fenómeno se repite. No suena bien dejar la “c” al final. Entonces, la conmutación de la palabra “doctor”, queda “tordo”.

Yorugua: un tanto más popularizada en todo el país. Es el gentilicio de las personas que viven en Uruguay. Debería ser “uruguayo”, pero, al darla vuelta, se pierde la “o”, y queda “yorugua”.

Boga: este es un caso excepcionalmente mendocino. Se eliminan varias letras de la palabra “abogado” para referirnos, de forma canchera y superada, al “boga”.

Toga: cuando queremos decir que alguien es “gato”, cuyo significado nunca termina de definirse y es una palabra que cada uno utiliza cuando quiere, quedamos más piolas si la damos vuelta y decimos “toga”.

Bepis: un grupo de jóvenes conocidos como pibes. Estás mucho más en onda si decís: “Me junto con los pibes”.

Lompa: otra palabra que está, directamente, mutada. “Esos lompas te quedan cortos”, te dicen en Mendoza cuanto un pantalón te queda corto. Sí, lompas refiere a pantalones. Claro que está totalmente desvirtuada. Falta sílabas enteras, pero acá ya se sabe y todo entendemos la jerga.

Cobani: sabemos que hace referencia a la policía. Sin embargo, ¿qué tiene que ver, realmente, esa palabra con la policía?. Bueno, en realidad, “cobani” es la palabra “abanico” invertida y con la eliminación de una “a” intermedia. Y ¿por qué “abanico”? Porque, antiguamente, los guardiacárceles llevaban un abanico en el cinturón con todas las llaves colgadas.

Mionca: simple. La palabra “camión”, dada vuelta. Término utilizado cuando se hace referencia a este vehículo como protagonista de algún accidente. “El mionca se llevó puesto todo”, declara coloquialmente algún testigo del hecho.

Dope: ni más ni menos que la palabra “pedo”, al revés. Lo que ocurre es que solo suele utilizarse al revés cuando queremos referirnos al estado de ebriedad de una persona, y no para hacer referencia a la ventosidad que emitimos los humanos.

Feca: para referirnos al café. Sobre todo, cuando invitamos a alguien a “tomar un feca”.

Hasta acá repasamos parte del vasto diccionario de palabras que los mendocinos damos vuelta, y nos hacer ver más cheroncas.

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