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Locas y pelotudos

Para definir a los otros en nuestras relaciones, utilizamos dos palabras: locas y pelotudos, dependiendo del género del que se trate. ¿Por qué?
Cómo hablamos
locas y pelotudos, dependiendo del género del que se trate.
19 enero, 2020

Hablemos de amor. Hablemos de amores complicados, no correspondidos o correspondidos a medias. Amores indefinidos, difíciles. Hablemos de amores del ahora. En épocas donde lo tóxico manda y el compromiso cuesta, las formas de catalogar a los otros se simplifican en dos palabras: locas y pelotudos.

Al menos entre las parejas heterosexuales, ese parece ser el resumen de toda relación. Si él no sabe lo que quiere, te boludea, te clava el visto, aparece y desaparece, te hace algún reclamo, es un pelotudo. Te lo dice tu amiga, tu cuñada, tu compañera de trabajo. Si ella no sabe lo que quiere, te boludea, te clava el visto, aparece y desaparece, te hace algún reclamo, es una loca. Te lo dice tu amigo, tu cuñado, tu compañero de trabajo.

Todo se reduce, parece, a locas y pelotudos.

Las razones de las incoherencias femeninas, aparentemente, son las mismas de siempre: las mujeres somos histéricas, inestables. Los hombres, en cambio, tienen otros motivos: ellos son inmaduros, no se deciden, no quieren “sentar cabeza”. ¿Es así?

Claro que no, no es así. Ni nosotras somos todas susanitas desesperadas por conseguir marido, ni ellos son unos piratas incurables que solo quieren acostarse con una y huir. Hay de todo en esta jungla, y cada quien sabrá con qué mochila carga. Y con qué espécimen se quiere involucrar.

Pero las palabras son el reflejo de nuestra cultura, de nuestra historia y de cosas que no tienen que ver con nosotros. Que ella sea una loca y él un pelotudo define bastante un papel de la mujer y del hombre que hoy ya no responde a los mismos parámetros. Con mujeres empoderadas y hombres más conectados con sus emociones, ya no da todo lo mismo. Ya no somos todos iguales. ¿Hay patrones? Claro. ¿Hay pelotudos? Por supuesto. ¿Hay locas? Seguramente. Pero no somos todos así. No somos todas así.

Aprendamos a elegir nuestras palabras, a no generalizar y a ver a cada individuo en particular. Y, sobre todo, aprendamos a alejarnos de las locas y de los pelotudos (de los reales), que para complicada ya está la vida.

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