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Las caracterizaciones de un cordobés

Los cordobeses podemos ser buenos o malos, graciosos o tontos. Por eso, tenemos una palabra para cada tipo de personalidad.

Algunos teorizadores de la cultura cordobesa dicen que los cordobeses tenemos un trastorno: la apodología. Se trata de un trastorno que nos obliga a ponerles apodos a todas las personas que conocemos. El “cara e ná”, “el pelau”, “el alfajor de poio”, y más. Incluso sin tener confianza, se nos escapa algún que otro apodo. Es así: nos encanta caracterizar a los demás. Este fenómeno está relacionado con querer contar cómo son las personas que conocemos. Nos interesa hacer más o menos un perfil. Por eso, tenemos palabras para cada tipo de cualidad o personalidad.

Te contamos un poquito.

1. El cordobés no es un tipo bueno, es pulenta

Sabe Dios de dónde viene esta expresión. Pero todo lo que sea “pulenta”, para un cordobés, está bien. Una persona piola, copada, buena onda es una persona pulenta. Si te dicen que sos pulenta, tomátelo como un halago. ¡Y qué halago!

2. El cordobés no es un tipo alegre, es un cago de risa

Para el resto del país, los cordobeses somos chistosos o graciosos. Pero, entre nosotros, nos decimos que somos “un cago de risa”.  Esto es porque la escatología es una constante en nuestro vocabulario. Y bue, é lo que hay.

3. El cordobés no es un inútil, es un otario

Esta expresión es un poquito fuerte. Y multiuso. Entre amigos, nos lo decimos un montón, pero con cariño. Si se lo decís a un desconocido, claramente estás bardeando. El ser otario es ser inútil, boludo, medio gil.

4. El cordobés no es tonto, es un pescau

En la República de Córdoba, los giles son “pescaus”. El término viene de la palabra “pescados” que, por maña y costumbre, los cordobeses transformamos en otra cosa. Ya hablamos de que nos gusta acortar las palabras y hacer que todo lo que termina en “-ado” se convierta en “-au”. Y, bueno, a todo le damos nuestro toque.

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