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La vaca atada

Cuando alguien está pasando por un buen momento económico, tiene “la vaca atada”. Pero ¿de dónde salió el refrán?
Cómo hablamos
dinero
| 03 febrero, 2020 |

Juan es el vecino de toda la vida de nuestro barrio. El buen hombre terminó la secundaria con lo justo y luego se dedicó a trabajar informalmente, y a hacer changas. Tiene una familia numerosa y siempre le costó, pero logró llevar un plato de comida a su casa. Sin embargo, esto cambió desde hace algunos años. Auto nuevo, educación privada y viajes para toda la familia. Es que nuestro vecino puso una pizzería. Le fue tan bien que, al cabo de unos meses, abrió otra. Y otra. Y hoy es el capo de la pizza. Entonces podemos decir que Juan tiene la vaca atada.

Se trata de un dicho que se relaciona con lo económico, para hacer referencia a la abundancia que tiene una persona en ese sentido. No obstante, a veces puede aplicarse también para las épocas de bonanza que alguien puede atravesar en términos emocionales, amorosos, políticos, etc.

Origen

Lo cierto es que el refrán se gestó durante la última parte del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Esa época en la que ser un país agroexportador bastaba para integrarnos al mundo y ser una de las economías más sólidas. En ese marco, las familias más acaudaladas y grandes terratenientes gozaban de extravagantes vacaciones en los momentos de descanso. El destino preferido era Europa, sobre todo España, Italia y Francia, países de procedencia de la gran cantidad de inmigrantes que en esos tiempos llegaron a nuestro país.

Lo cierto es que, obviamente, los miles de kilómetros que nos separan del viejo continente se recorrían en barco. Largos días de navegación que no era fácil soportar, sobre todo para familias enteras. No obstante, algunos se daban ciertos lujos como, por ejemplo, llevar una de las tantas vacas que criaban en sus campos para poder abastecer de leche fresca a los niños. La vaca iba atada en las bodegas de los barcos. Esto daba la imagen de un buen pasar económico, era un lujo que solo pocos se podían dar. Con el tiempo, esto se consolidó como un refrán popular para expresar que alguien está muy bien económicamente.  

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