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¿De dónde sale el mote “Cabecita negra”?

¿Qué es exactamente un "Cabecita negra"? ¿Desde cuándo existe? ¿Conflicto clasista, racial o social? Una de las frases más polémicas de nuestro lenguaje.
Cómo hablamos
cabecita-negra
11 diciembre, 2019

Vamos a meternos con una de las frases más polémicas de nuestro lenguaje porque encierra (el idioma nunca es neutro ni aséptico) una de las formas más despectivas que usan los argentinos para referirse a un compatriota: estamos hablando de “cabecita negra”.

Algunos investigadores dicen que en un principio se usaba para mencionar a la población criolla nativa para diferenciarla de los europeos que nos colonizaban. Pero en nuestros días se extendió a la gente del interior, alejada del puerto de Buenos Aires (o de los puertos en general), receptor máximo de la inmigración del siglo XX.

Pero, como ya se mencionó, el término (ahora acotado a “cabecita” o “cabeza”, elidiendo el “negra”) es un término fuertemente despectivo. Y ya no tiene nada que ver con orígenes raciales, sino que se usa como insulto de clase: la clase alta lo usa para referirse a la clase trabajadora.

En síntesis, el término se convirtió en un excelente reflejo de la conflictividad (ahora le llaman grieta) entre los porteños y los provincianos, los inmigrantes europeos y los migrantes internos provenientes de las zonas rurales y las clases altas y medias con los trabajadores.

Cabecita negra: el origen

La primera vez que fue usado puede rastrearse en la década de 1940, cuando por cuestiones económicas y laborales se inició la primera gran migración interna de nuestro país, llevando a muchísimos habitantes de zonas rurales hacia la ciudad de Buenos Aires para trabajar como obreros de las nuevas fábricas que se abrían durante el proceso de industrialización del peronismo.

Por eso, el término también tiene una historia fuertemente política: se popularizó, usado como ofensa, durante el conflicto entre peronistas y antiperonistas de mediados de la década del 40, atribuyéndole la condición de “negros” a los peronistas en contraposición de los “blancos” antiperonistas, demostrando de que, además de equivocados, en su origen al menos (hoy en día habrá que ver cómo evolucionó), además de clasista, el antiperonismo era indiscutiblemente racista.

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