Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Chamuyeros y Chamuyados

A veces más sutil, otras más notorio, el chamuyo es una habilidad argentina.

  • “Te estaba por llamar”.
  • “Estoy llegando”.
  • “Tu pedido acaba de salir para allá”.
  • “Voy y vengo”.
  • “Tenemos que arreglar para vernos, eh”.
  • “No sos vos, soy yo”.
  • “Me quedo en lo de una amiga, ma”.
  • “No, no tengo más chicles”.
  • “Me quedé sin batería”.
  • “¡Que no se corte!”.

El chamuyo lo vemos venir, lo reconocemos y, lejos de rechazarlo, lo abrazamos. Todo el mundo habla del chamuyero, pero nadie habla del que se deja chamuyar. Si bien es cierto que hay expertos en el arte del chamuyo, que fácilmente nos pueden engañar sin que lo percibamos, también hay chamuyos universales, instaurados, que todos sabemos que no son ciertos y, de todas formas, los dejamos pasar.

¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué aceptamos la mentira? Tal vez porque es “una para vos y una para mí”. Porque hay un consenso implícito de hasta qué punto está bien “meter un chamuyo” sin que sea considerado algo grave. Porque a veces no hace falta conocer los motivos reales. O porque nos gusta creer que es cierto.

La realidad es que todos chamuyamos de alguna forma, y por eso lo permitimos en el otro. Dejamos pasar un chamuyo cada tanto para que, a nuestro turno, nos lo dejen pasar a nosotros. Porque todos somos chamuyeros y chamuyados a nuestro propio tiempo. Quizás sea porque el chamuyo no tiene la entidad de mentira para nosotros: es simplemente una evasión, una realidad levemente decorada.

A veces más sutil, otras más notorio, el chamuyo es una habilidad argentina para hacer que las cosas se inclinen un poco más a nuestro favor, para que el cristal con el que se las mira sea de nuestro color. Picardía, ingenio y perspicacia es lo que hace falta para elaborar un buen chamuyo. Y, también, para saber reconocerlo.

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