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Argentinos, a las cosas

¿De dónde sale la expresión “Argentinos, a las cosas”? ¿Cuál es su verdadero significado? ¿Por qué tiene más vigencia que nunca?
Cómo hablamos
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| 06 febrero, 2020 |

En estos días se están cumpliendo 80 años de una frase que los argentinos escuchamos una y otra vez (quizás las nuevas generaciones no tanto, lo admito), pero que muchas veces no sabemos ni su origen ni su verdadero significado. En esta nota trataremos de subsanar esa falta. Me refiero a la frase “Argentinos, a las cosas”.

Resulta que en 1939, cuando Europa estaba a punto de entrar en uno de los más grandes conflictos de su historia, el filósofo español José Ortega y Gasset dictó una conferencia en nuestro país, más específicamente en la Municipalidad de La Plata. La conferencia se llamó “Meditación del pueblo joven”.

La frase que se hizo famosa prácticamente de inmediato (y que repite “a las cosas”: su formulación completa es “Argentinos, a las cosas, a las cosas”) a lo largo del tiempo fue usada con los significados más disímiles, sirviendo para reforzar casi cualquier afirmación. Pero, como se imaginan, para entenderla tendremos que leer un poquito del contexto en el que fue dicha. Sé que es un poco largo para la velocidad de internet, pero también sé que los lectores de Ser Argentino son curiosos y estarán interesados en conocerlo.

¿A qué se refiere con “cosas”?

La frase es la siguiente: “El filósofo es el hombre que rumia pausadamente, vacunamente. Ya ven que no me adorno mucho ante ustedes, que no muestro excesivo empeño en aventajarme ante su consideración. Con ello quiero indicar que yo no importo; que importan sólo las cosas de que vamos a hablar, mi prédica les grita: ¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que dará este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas, directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal.

En pocas palabras, para “adaptar” el discurso (un tanto barroco) a uno más simple y directo, lo que estaba diciendo el filósofo era “déjense de joder con nimiedades y pónganse a trabajar”. En “las cosas” podríamos leer “lo importante”, lo que no cambia según quiénes gobiernen o decidan, lo inmodificable, lo duradero. En pocas palabras, encontrar un punto en común en el que todos estemos de acuerdo para poder fundar una patria a partir de ahí. Una especie de manifiesto “antigrieta”, por lo menos en cuanto a lo importante. Hoy más que nunca, sus palabras parecen tener una actualidad deslumbrante.

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