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Aplauso, peluche y beso

De tanto remarla, a veces la vida te da recompensas.

Cómo hablamos

Soy el Tute Dur@ni, atleta argentino sin medallas, aunque modestamente creo que yo también gané. Lo que me pasó en los Juegos Olímpicos de la Juventud fue increíble y todo gracias a un peluche. Les juro que no les estoy chamuyando. En remo anduve bien, pero lamentablemente no alcancé a meterme en las finales. Igual, quedé conforme con lo que hice: con 17 años, fue mi primera experiencia internacional y terminé feliz de la vida con esta participación en Buenos Aires 2018. Mi triunfo, si querés llamarlo mi primera medalla, se dio un par de días después de los Juegos, cuando tuve que transformarme en espía para... ¡Aguanten los peluches, carajo!No sé si sabrán, pero en los Juegos Olímpicos tradicionales, una vez que quedás eliminado, tenés un día para abandonar la Villa Olímpica y volverte a tu país. Acá, los 4.000 atletas seguimos conviviendo hasta el final. A ella la descubrí la primera noche, ese viernes previo a la ceremonia inaugural en el Obelisco. Estaba con el colorido uniforme de Rumania y le clavé la mirada en la fiesta de recepción que nos dieron en la Villa. Siempre al lado de sus compatriotas, hablaba, bailaba, se reía. Alta, locuaz, hermosa y con unos ojazos color miel que brillaban como dos medallas de bronce.A los atletas nos habían dado una especie de pendrive con forma de manito: era un dispositivo del Yogger, una aplicación mezcla con red social que servía para conocer deportistas de otros países, sumar puntos y ganar premios. Funcionaba así: vos te arrimabas a otro atleta, ponías frente a frente ese dispositivo y cuando se encendía la luz verde, significaba que tus datos le quedaban registrados a la otra persona. Y el nombre, el país, el Instagram de ese otro atleta pasaban automáticamente a tu dispositivo. Entre nosotros, en la Villa, decíamos que era una especie de Tinder olímpico, aunque en verdad tenía otras múltiples funciones.Esa primera noche no me animé, pero al tercer día me arrimé a ella y le mostré mi manito: me sonrió, me acercó su dispositivo y hubo luz verde. Para mí, además, fue un flechazo. Les miento si les digo que fue amor a primera vista porque en realidad ya la venía relojeando desde el primer día. Me saludó con un “Chau”, en español, y se fue para el comedor junto a un par de integrantes de su delegación. Enseguida me fui a pispear quién era esta rumana. Nombre: Viorica. Edad: 18 recién cumplidos. Deporte: básquet 3x3. Con razón es tan alta, pensé. Igual, me llevaría dos o tres centímetros. Llegado el caso, me imaginé, ni se notaría la diferencia.La empecé a seguir en Instagram pero Viorica no. La fui a ver cuando compitió y, aunque ella no se percató, festejé un par de puntos suyos contra Irán, el único partido que ganó Rumania en el 3x3 femenino. La crucé un par de veces en la Villa y nos saludamos con un “Hi”: siempre se movía con las compañeras de equipo y no me daba para encararla y ponerme a hablar. Esperé algún gesto, alguna señal de ella y… nada.Lo tomé como una derrota más, pero la última noche me acerqué adonde estaba cenando y, con mi modesto inglés, le pregunté un par de cosas. Si le había gustado Buenos Aires, si había disfrutado de los Juegos, cuándo se iba… Y le pedí una foto: nos sacamos una selfie, muy sonrientes los dos y nos despedimos. Le recordé que “My nick is Tute” y me respondió sonriendo con un “I know, I know”. Incomprobable que lo supiera, pero me fui feliz. Algo es algo, me dije como buen remador, y pensé que, como en la semifinal de mi especialidad, dejé todo aunque no alcancé los objetivos. Subí la selfie a Instagram, la etiqueté a Viorica y, cuando ella regresó a su país, noté que me empezó a seguir.Días después, recibí un mensaje privado: “Hi, Tute… How are you?” Una constante en mi vida: como me ha pasado en algunas vacaciones, las minas me empiezan a dar bola cuando ya están lejos. Y en este caso era por interés. Mirá qué loco lo que pasó… La basquetbolista rumana me contó que estaba desesperada y que necesitaba ayuda. Y le entendí que yo era el único que podía darle una mano. Palabras más, palabras menos, me dijo que se había olvidado debajo del colchón algo que para ella era indispensable: un peluche chiquito, un lince, vestido con los colores de la bandera rumana (azul, amarillo y rojo). Me explicó que el lince es uno de los animales tradicionales de su país y que la acompañaba desde que era una niña. Que era un regalo de su abuela. Que le traía suerte. Y que, en las noches tristes, dormía abrazada a él.Durante el día, me contó, lo dejaba debajo del colchón para que sus compañeras de cuarto no lo vieran. Me dio la impresión de que le daba vergüenza mostrarlo y me la imaginaba con los cachetes colorados por estar confiándole esto a un extraño no tan extraño. “Podría reclamarlo a través del Comité Olímpico de mi país, pero se enterarían todos. Estoy llorando desde que llegué a Curtea de Arges, mi ciudad”, me confesó, ya entonces vía WhatsApp. Y a través de un audio que escuché mil veces, con un español entre trabado y dulce, me lo pidió “por favor, Tute…”Los argentinos habíamos estado en el edificio 18 de la Villa, que tiene 9 pisos con cuatro departamentos cada uno. Viorica me explicó que el suyo era el 29 y que su departamento era el 6° C. Su habitación era la que estaba a la derecha del baño y su cama, la del lado de la ventana.La Villa Olímpica, a todo esto, está deshabitada a la espera de que les coloquen las cocinas y el Gobierno de la Ciudad se las entregue a los nuevos dueños. Un mediodía que salí antes del colegio me di una vuelta por allá. Me llevé la credencial de atleta por las dudas pero me fue imposible acceder: el lugar está cerrado y vigilado, aunque no tanto como en los días de competencia. Me senté en un banquito del Metrobus de la avenida Roca y, mientras pensaba cómo llegar hasta ese colchón, lo vi a Luquita, uno de los chicos de Limpieza con el que había pegado buena onda. No le di demasiados detalles, pero le dije que tenía que entrar al 6° C del edificio 29.−Loco, tengo que recuperar algo importante. Ayudame. Por favor.−Si me conseguís un equipo de gimnasia como el que usaban ustedes en la delegación argentina, te hago entrar.−Te regalo el mío. No consigo otro. Con todo el dolor del alma, te doy el mío.−Dale, yo consigo una credencial de Limpieza para que puedas meterte a ese edificio y, una vez adentro, vos te arreglás solo. Si me descubren con vos, me echan a la mierda.¿Hecho? Hecho… Quedamos en vernos el viernes antes del mediodía para que Luquita me hiciera entrar. Me sentía “Río”, el de La Casa de Papel. Un “Río” que, desde Buenos Aires, estaba dispuesto a todo para complacerla a “Tokio”, que lagrimeaba fuerte en Curtea de Arges.El viernes a la mañana falté al colegio. A eso de las 10 ya estaba frente al Parque Roca. Luquita salió de la Villa y en medio de un abrazo forzado, me preguntó si traía su regalo. Le di ese uniforme azul que tanto había usado en las últimas semanas y me dolió en el alma: era el souvenir más importante que me quedaba de los Juegos. Obvio que me cuestioné si Viorica realmente valía la pena, pero ya era tarde para lágrimas. El pibe me pasó disimuladamente una tarjeta de identificación: no alcancé a leer bien, pero creo que decía Manuel Ramírez o algo así. Pasamos juntos un primer control y fuimos hasta un depósito. Me hizo poner un mameluco azul y naranja de la empresa de limpieza y me abrochó la credencial en el pecho. Me dio un carrito con baldes y lampazos y me dijo que, desde ese momento, todo dependía de mí. Que él llegaba hasta ahí. “Entres o no entres al edificio o al departamento, traé de vuelta el carrito hasta acá y dejame la tarjeta acá que es de un compañero con parte de enfermo. Ante cualquier problema, no me conocés ni te conozco”.Avancé con el carrito hasta el edificio 29, saludé al guardia de seguridad y tomé el ascensor. No me dio mucha bolilla porque estaba jugando al Candy Crush en el celu. Bajé en el sexto piso y busqué el departamento C. Por suerte, estaban todos sin llave porque el día anterior los del Comité Olímpico Argentino se habían llevado algunas cosas que quedaban, como almohadas y cubrecamas. Habitación correspondiente, cama indicada… Levanté el colchón y… nada. Me quería morir. No estaba el peluche. ¿Podés creer? No estaba ese fucking peluche. Menos mal que no la whatsapeé enseguida a Viorica porque, cuando logré calmarme un poco, me avivé de seguir revisando. Y ahí lo vi… Se ve que cuando movieron las camas, dejaron todo en cualquier lado: el peluche estaba debajo de un colchón de la otra habitación. Lo abracé y lo besé como si hubiese subido al podio a recibir una medalla.Devolví el carrito, dejé la credencial y salí a las apuradas. Una vez que llegué al Metrobus, ahora sí, selfie face to face con el lince y con la Villa Olímpica de fondo. Pensé en hacerla sufrir a la rumana y decirle que no había nada. Me imaginé pidiéndole algo a cambio por el solo hecho de no haberme tirado ni un centro en dos semanas. “No puedo ser tan hijo de puta”, concluí. Y le mandé la foto sin agregar ningún comentario. Me subí al bondi con ganas de tomarme un whisky y fumarme un habano, a lo Holan. Pero, como hago remo desde chiquito, ni chupo ni fumo. Igual, me sentí un héroe a lo James Bond. O a lo Jason Bourne…Entrando a casa, me cayó un mensajito de Viorica. Mil emojis. Sonrisas. Corazones. Pulgares hacia arriba. Caritas tirando besos. En un audio me dijo “Gracias, Tute”. Y me siguió mandando guiños, medallas de oro, trofeos, caritas con lágrimas. Cuando paró con la catarata de emoticones, intenté mostrarme frío para no quedar como un baboso católico, apostólico y rumano. Pasé al idioma de Shakespeare y, algo distante, le pregunté cómo se lo enviaba.−¿Por correo te llegará? El de Argentina no funciona del todo bien.−Mi papá tiene una agencia de viajes y…−Ah, ok, te lo mando con algún conocido que venga para acá. ¿Vienen rumanos a Buenos Aires?−Me gustaría que me lo trajeras vos, en persona. Yo te mando los pasajes para que viajes cuando puedas y te quedes unos días acá. Mi país es hermoso y quiero que lo conozcas. Fue muy lindo lo que hiciste por mí, Tute, y tengo muchas ganas de darte un abrazo.De tanto remarla, a veces la vida te da recompensas. Yo también gané: aplauso, peluche y beso para mí…

Fecha de Publicación: 06/11/2018

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Comentarios


Por: SiorBeniamino 07 noviembre, 2018

Que alguien me pague el viaje a Europa o Argentina O donde sea jejeje. Linda historia!

Por: Miguel Bossio 08 noviembre, 2018

En respuesta a SiorBeniamino

Hay que tener fe hasta el final... Si la remás, a la larga podés tener tu recompensa. No siempre pasa, es verdad, pero hay que confiar en que todo va a salir bien. El Tute apostó y ganó... Gracias por leerla. Y gracias por escribirnos.

Por: Fran 08 noviembre, 2018

Muy bueno Miguel!??

Por: Miguel Bossio 08 noviembre, 2018

En respuesta a

Se agradece, amigo. Gracias por tomarte el tiempo de leerlo...

Por: paloma 08 noviembre, 2018

Que buena nota!

Por: Miguel Bossio 08 noviembre, 2018

En respuesta a

Gracias, señorita. me alegro de que le haya gustado.

Por: Pamela 08 noviembre, 2018

Muy bueno , nunca perder la esperanza cuando se desea con el corazon algo

Por: Miguel Bossio 08 noviembre, 2018

En respuesta a

Eso mismo, Pamela... Y mirá que el Tute la deseaba a la rumana, eh: ¿habrá tenido su premio? Yo creo que sí.

Por: Maria del Carmen Bossio 08 noviembre, 2018

Muy linda historia, llena de ternura, demuestra que los sentimientos te hacen audaces. Realmente, me encantó ? ? ?

Por: Marce 08 noviembre, 2018

Excelente historia Tute es un ídolo!!! Lo quiero en mi equipo ??????????

Por: Miguel Bossio 08 noviembre, 2018

En respuesta a

El Tute es argentino... Vamos, nene!!!

Por: Luisito 09 noviembre, 2018

Muy buena historia, te pusiste la 10!!!??? Alguien no se habra olvidado algo mas? Con tal de un viaje se lo llevo directo a la casa!!??

Por: Miguel Bossio 10 noviembre, 2018

En respuesta a

Hola, Luis... Seguro que en los JJOO de Buenos Aires deben haber ocurrido mil historias como ésta. Qué lindo sería poder recopilarlas, no? Abrazo!!!

Por: David 09 noviembre, 2018

Que linda historia y con un buen final! !!!!

Por: Miguel Bossio 10 noviembre, 2018

En respuesta a

David, muchas gracias por leer el texto y por escribirnos. Abrazo grande!!!

Por: criscubero 09 noviembre, 2018

Leyendo tu historia de regreso a Barcelona. Es muy como tú!!! Me he reído, emocionado, divertido, sorprendido y lo que es más importante, he sonreído todo el rato. Eres muy bueno!!!

Por: Miguel Bossio 10 noviembre, 2018

En respuesta a

Gracias Cris. Un placer que el elogio venga de una periodista tan grosa como tú. Me parece que estas historias irían muy bien en tu amado Mundo Deportivo. Beso!!!

Por: Verónica 09 noviembre, 2018

Quien dijo que la juventud no sabe lo que quiere? Tute actuó con el corazón, con un corazón enamorado. Las historias de amor a lo largo de la historia van tomando la forma del mundo en el que se desarrollan, pero la pasion, el coraje yl lavalentía es en esencia la misma a lo largo de los tiempos. Vivan esas historias de protección con final feliz Migue!!!!

Por: Miguel Bossio 10 noviembre, 2018

En respuesta a

Bien, Vero... Gracias por bancarnos a nosotros, los jóvenes con pasión, coraje y valentía, jaja. Beso grande!!!

Por: Nico 09 noviembre, 2018

Estimado Miguel, una vez más ne hiciste seguir la historia con una sonrisa fija. Sos un capo. Espero que cuentes el reencuentro de Tute y la chica rumana cuando pueda viajar el changuito.

Por: Miguel Bossio 10 noviembre, 2018

En respuesta a

Apa, yo ya había dejado el final abierto... Vos decís que me tengo que poner a pensar cómo sigue la historia? Bueno, dejame ver después de los Boca-River a ver si la historia continúa. Abrazo, Nico

Por: Fer Borquez 09 noviembre, 2018

Excelente Historia Miguel y relatada exquisitamente!!

Por: Miguel Bossio 10 noviembre, 2018

En respuesta a

Muchas gracias, me vas a hacer poner colorado. Saludos, Fer...

Por: Rodrigo Adrian 09 noviembre, 2018

????? catolico apostolico rumano Jajajaja muy bueno migue!!!

Por: Miguel Bossio 10 noviembre, 2018

En respuesta a

Es la frase que más me gustó, ja. Se te ocurren a medida que vas escribiendo, van apareciendo en la mente y se trasladan al teclado. Abrazo!!!

Por: Amalia Lucía Rosa 09 noviembre, 2018

Hola Miguel, hermosa historia !!!!!!!Con final más que feliz...Tenías que ser de Rufino jajaja ... Abrazo grande...

Por: Miguel Bossio 10 noviembre, 2018

En respuesta a

Viste? Todo lo que aprendí en Rufino me sirvió para escribir lindas historias, ja. Beso!!!

Por: Grillo 09 noviembre, 2018

Muy buena historia, el Tute un amor....

Por: Miguel Bossio 10 noviembre, 2018

En respuesta a

Grillo, gracias por leer y comentar. Sí, un amor el Tute...

Por: Anabella Messina 10 noviembre, 2018

Que linda historia Migue!!!! Me encanto. Tute un capo??!! El puro chamuyo sigue sumando cuentos?!!!!!

Por: Miguel Bossio 10 noviembre, 2018

En respuesta a

Un crack Tute... Gracias, Anabella. Y vamos por más!!!

Por: diego 13 noviembre, 2018

Brillante Stormtrooper !! vamos a tratar de reponerle el uniforme a Tute.. jajajaj!!! Abraccio e ci vediamo!!

Por: Marta Elena Bonetti 21 noviembre, 2018

Hermosa la historia Miguel y no estaria mal una segunda temporada.Me alegra y emocina leer tus escritos aunque me tome mi tiempo ja.ja yo que esperaba una vida más tranqui como jubi. Abrazo Miguel Angel

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