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¿A qué se refieren los patagónicos con "las bardas"?

Si un patagónico te invita a ir a "las bardas", preparate para escalar un poco.

“Vamos a las bardas” puede ser una gran invitación para contemplar un atardecer, hacer un poco de deporte de baja-media intensidad u para observar, mate y charla de por medio, un poco de color en la naturaleza que rodea, en gran parte de la Patagonia. Pero ¿todos entienden la palabra “barda”? Claramente no, porque es específicamente una característica de la región del sur.

A continuación una pequeña anécdota para aclarar qué significa: unos jóvenes de Mendoza, hace unos años, a unos locales les dijeron: “¿Por qué no subimos esa montaña?”, en referencia a una barda cercana. Las risas no tardaron en aparecer como tampoco la explicación: las formaciones rocosas, grisáceas, marrón y a veces anaranjadas, son parte del paisaje cotidiano de la meseta y del Valle de las provincias del Chubut, Santa Cruz, Río Negro, es decir, una definición meramente e indisociable de la Patagonia.

Las bardas no gozan de grandes alturas, como si las montañas; también ocurre que muchas veces se las nombra como sinónimo de lomas. Pero hay claramente una diferencia, si nos ponemos quisquillosos no solo en su definición, sino en las características de una y otra: las bardas significan, y viajeros y especialistas han coincidido, ese “borde” que las personas ven de una meseta desde la llanura, una especie de nivel más alto y marcado desde donde uno se posiciona: una pared o muro natural, si quisiéramos sumar más eufemismo a cómo reconocerlas.

Estos accidentes geográficos son parte de formaciones escalonadas de piedras, rocas, y no cuentan con grandes floras: el viento patagónico, y la misma sequedad de la región, hacen que aún menos encontremos árboles o plantas altas; sí se puede ver muchas (y muchas y en todos lados) matas, que son esas plantas de ramas duras, de las que si llegas a distraerte y rozar, un poco te lastiman por sus hojas afiladas y puntiagudas, a veces con pequeñas flores amarillas y otras tantas con blanco.

En grandes extensiones de las bardas, en Chubut o Rio Negro, se pueden ver “caminitos” hechos de forma espontánea: ya sea por quienes realizan deportes como ciclismo o treckking; también son buenos lugares para explorar y encontrar objetos extraños y, capaz, antiguos; muchas veces corre la voz de que son buenos lugares para encontrar flechas de piedras de antepasados, dientes de tiburones de muchos y millones de años atrás, como también sirven para hospedar actividades privadas pero también museos , representando circuitos sociales y culturales para turistas y no turistas.

La palabra barda, además, tiene otros significados en otros lugares del mundo: mientras que en México se puede decir la frase “saltaste una barda” para decirle a una persona que ha conseguido un buen resultado y/o un éxito inesperado, en España suele atribuirse al arnés o armadura para los cuerpos de los caballos en tiempos de guerras y torneos, definición y palabra más asemejada de la derivación del significado en la Patagonia. Una especie de contención, de demarcación de algo distinto.

Aunque la meseta y la costa de la Patagonia no se caracteriza por grandes colores, como sí ocurre con los verdes de la Cordillera o los picos blancos de las montañas por la nieve o grandes senderos acompañados de cascadas y arroyos de deshielo; la parte centro y este de esta región del país no tiene nada que envidiar: el paisaje de formaciones rocosas, más o menos altas, de los ríos cruzando las provincias como Rio Negro y Chubut, y los valles de estas, dan un gran espectáculo estético que los locales y turistas seguirán marravillandose con el correr de los años. Todo rincón tiene su encanto.

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