Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Yo no lo voté

El “yo no lo voté” es un latiguillo que nos acompaña desde los 90. Nadie votó a Menem, ni a Cristina.

En Argentina, los presidentes llegan al poder por motivos desconocidos. Tal vez sea magia, tal vez generación espontánea de nombramientos o fuerzas cósmicas que los depositan en el sillón de Rivadavia. Pero de seguro no es por el voto popular a través de las urnas. Porque, en el momento en que las cosas empiezan a salir un poco peor de lo esperado, de pronto, nadie los votó.

El “yo no lo voté” es un latiguillo que nos acompaña desde los 90. Nadie votó a Menem (dos veces), ni a Cristina (otras dos). Sería una reversión del “yo, argentino” que nos desliga de la responsabilidad de haber llevado al poder a representantes que ya no nos representan tan bien como creíamos.

El primer paso para tener el país que queremos quizás sea hacernos cargo de nuestras decisiones y dejar el exitismo de lado. Quienes están en el Gobierno no son los únicos a cargo de que las cosas salgan bien y, de una forma u otra, están allí porque la mayoría lo quiso. Honremos la democracia que tanto nos costó conseguir y respetémosla, tanto cuando las cosas salen bien –aunque eso no pase tan seguido como querríamos– como cuando salen mal.

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