Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Veraneantes santafesinos y la “grieta” 

Cuando es hora de que los santafesinos se conviertan en veraneantes, aparece una gran división para elegir el destino. 

Llegando diciembre, cuando el verano no ha comenzado todavía, lo que sí comienza es el calor agobiante en Santa Fe. Este convierte a las vacaciones fuera de la ciudad en tema obligado. Grupos de amigos, colegas en el trabajo, compañeros de la escuela, todos se sumergen en la grieta que, desde hace años, divide las preferencias del veraneante santafesino. Ya no es la grieta política, ideológica, de estatus social o de la pasión futbolera Colón vs. Unión. Es “las sierras o el mar” la elección que desde hace ya varios años promueve las discusiones acerca de las bondades de uno u otro destino. Son discusiones de veraneantes. 

Podríamos decir que, hasta la década del 70, Córdoba era el lugar indiscutido para pasar las vacaciones. Las ventajas de optar por este destino eran y siguen siendo muchas. En principio la distancia desde las ciudades del interior de la provincia, incluida la capital, es corta; la cercanía brinda el alivio de pocas horas de viaje; el menor gasto en combustible; cuando se viaja en familia, los chicos sobrellevan mejor la situación y, como es obvio, también sus padres. Una vez alcanzada La Docta, es enorme la cantidad de ciudades, villas, poblados y aldeas que se nos ofrecen, así como las ofertas en alojamientos que van desde hoteles cinco estrellas, hasta humildes pensiones, pasando por hoteles de menor jerarquía, hosterías, posadas, cabañas, campings y muchísimos complejos pertenecientes a gremios. Con respecto a la gastronomía, no se ha caracterizado por ser de las más económicas, menos aún en ciertos lugares muy exclusivos de las sierras. Pero el chivito es el plato estrella y sin importar costo, no deja de ser consumido. 

Un destino inagotable 

Los santafesinos siempre han aprovechado la opción de acceder al paisaje serrano, que presenta una exquisita variedad según la zona de la provincia. Disfrutar de sus frescos y correntosos arroyos, bañarse en ríos caudalosos, nadar en piletas de hoteles y complejos, o dedicarse a hacer excursiones por las sierras, que las hay de todo tipo. De altura, a pie, a caballo o en vehículos que se han ido aggiornando con el tiempo, pasando de sulkys a estancieras de excursión, hasta llegar a los actuales minibuses. No han desaprovechado la aventura de las aerosillas, como la emblemática de Carlos Paz, o la que se encuentra en el conocido complejo turístico de Los Cocos (que una vez supo estar en la costanera santafesina, cruzando la laguna Setúbal). Distintas localidades cuentan con parques de entretenimientos para chicos, siempre un tema a tener en cuenta, cuando se viaja con la familia menuda. Para aquellos apasionados por la historia, nuestro pasado y los testimonios de las épocas coloniales y para los que gustan de descubrir huellas ancestrales y rupestres, Córdoba es una fuente inagotable de satisfacción. 

En nuestro caso el mar, con las ciudades turísticas de la provincia de Buenos Aires, quedaba reservado para una clase social que, sin ser la más elevada, podía afrontar gastos mayores, como ser viaje más largo, hoteles más caros, famosos restaurantes con precios que no eran “para todos los bolsillos”. Así es como muchos santafesinos ni siquiera consideraban la opción de conocer la costa argentina. 

Todo cambió cuando llegó la década del 70, en la que el turismo social se amplía, promoviendo vacaciones a todo el país y permitiendo el pago en cuotas. Desarrollaremos este aspecto de las vida de los veraneantes santafesinos en una segunda parte de esta nota. 

Rating: 4.50/5.