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Vamos a tomar una coca

La clásica juntada entre amigos es con alguna bebida de por medio. La coca es la excusa, porque muchas veces pasan botellas de cualquier otra sustancia.

Invitar a alguien a tomar una coca en Mendoza no significa que, literalmente, vamos a sentarnos a consumir una bebida gaseosa con sabor a cola. Sino que es una frase que denota muchos más. Supone una juntada entre dos o más amigos, charlas y anécdotas de por medio, alguna agenda del fin de semana que hay que organizar, temas de trabajo, política, fútbol o cualquier otra cosa.

Un clásico de los adolescentes

El adolescente promedio mendocino se pasa largas horas, durante la tarde, con sus amigos en el quiosco de la esquina, en el parque o en la plaza. Haciendo nada. O, para no tildarlos de perezoso, vamos a decir que están “cultivando la amistad”. Esta escena se da después de algún contraturno de Educación Física, después del entrenamiento de fútbol, hockey, rugby o cualquier disciplina. Es un clásico. Terminar de hacer lo que están haciendo con tus amigos, e ir a tomar una coca.

El ortiba

“Yo no me quedó. Me tengo que ir”, dice el ortiva. Así, sin más. Como si el esfuerzo que hizo todo el grupo para pasar toda una tarde de estudio no hubiera valido la pena. Como si lo compañeros no se hubieran roto el lomo en la cancha como para no coronarlo con una buena coca, o bebida. El ortiva es así. “Pollerudo”, “calzonuda”, le dicen a la persona que abandona la reunión antes de tiempo. “Si es por la plata, yo te pago”, dice algún alma solidaria. Pero no. El ortiba no va a tomar la coca porque es ortiba, y nada más. Ni plata, ni cuestiones familiares, ni temas de parejas. El ortiba prefiere cortarse solo, ir a casa a descansar, a ver la tele o a estudiar. Es así, y hay que respetarlo.

Después del picado

La coca por excelencia es la que se toma después de un partido de fútbol. El agua no alcanza. La fruta que llevó ese amigo que siempre nos hace el aguante desde la tribuna, tampoco. Queremos tomar algo, sentarnos con los amigos a discutir sobre las jugadas. A felicitar al que tiró un caño, vanagloriarlo. A reírnos de y con el que la jugó para atrás, se la regaló al contrario y nos clavaron. Todo eso se comparte en la coca que, en este caso, muta a cerveza o vino, obviamente. Suele ser de las cocas más largas. Los más manijas se quedan hasta que los echan. “Una más y nos vamos”, repiten constantemente.

De todo esto se trata tomar una coca en Mendoza. Obviamente, la marca ganó terreno y estará agradecida de que su nombre se haya transformado en un sustantivo común. En un sinónimo de bebida. Es que no queda bien ir a “tomar una bebida” o “ir a tomar algo”, porque esta última frase se relaciona, más que nada, con un local bailable o un bar nocturno.

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