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Una costumbre y una creencia para conocer al pueblo mapuche

Te contamos sobre la ceremonia mapuche por excelencia y sobre una de sus más variadas creencias.

Para conocer en plenitud los paraísos de las provincias patagónicas, es necesario saber quiénes son las personas que en ellas habitan. Información sobre la vida del mapuche, sus creencias y costumbres son necesarias para adentrarse en los bellos paisajes patagónicos, de una manera sana y natural. Conocé más sobre la ceremonia mapuche por excelencia y sobre una de sus creencias más variadas.

 

Nguillatún

En cualquier latitud de la Patagonia, durante los primeros meses del año el pueblo mapuche realiza su Nguillatún o rogativa. Esta es una súplica dirigida a Nguenechén (el Dios mapuche) y la realizan siempre en un lugar llano y al aire libre, ya que los mapuches no tienen templo (o mejor dicho, algo parecido a un templo para los mapuches es la tierra misma). 

La ceremonia consiste en el armado de un altar llamado rehue. Los mapuches construyen su rehue con una fila de cañas y una rama de maitén, árbol sagrado según su cosmovisión. En el altar colocan barriles con chica y cántaros con mudai (bebida obtenida de la fermentación de piñones). Para el Nguillatún, hombres y mujeres lucen sus más vistosos vestidos y los caballos llevan los mejores arneses, comúnmente de plata o alpaca. 

La principal actividad de la ceremonia es el loncomeo. Este baile es realizado por los jóvenes más fornidos y consiste en imitar, nada más y nada menos, que los movimientos del  ñandú. 

Los mapuches no tienen ídolos o imágenes sagradas, pero sí cuentan con una buena cantidad de instrumentos sagrados: El cultrún, la trutruca y la pifilca, se encuentran entre los instrumentos que únicamente son usados en las ceremonias religiosas para anunciar a Nguenechén, siempre presente. 

Las rogativas de esta peculiar ceremonia, duran aproximadamente tres días. Las familias que asisten se alojan en enramadas construidas con este fin. El sentido de la oración de todas las ceremonias del Nguillatún, es apreciable en ruegos como este: “Este día, arrodillado en tierra, Nguenechén te pido que me des buena cosecha. Dame fuerza, dame buen pasto, dame buenos pensamientos, dame vida con toda mi familia, dame un buen trabajo, dame larga vida” 

 

El alma despúes de la muerte

En la cosmovisión mapuche existe un variado abanico de creencias sobre la vida después de la muerte. La heterogeneidad de esta idea está dada por herencia familiar. 

La más común de todas, es la creencia de que el alma de una persona luego de su muerte, vaga durante un tiempo prolongado por aire y tierra, hasta encontrar el camino al paraíso de Nguenechén. 

Otros mapuches creen fervientemente en que el alma va a parar a distintos lugares, según la vida de la persona. Las personas comunes van a la profundidad de los grandes cerros y los guerreros o héroes, vigilan y dirigen las acciones de los demás hombres desde las altas cumbres.

Otra de las más interesantes creencias, es la de que el alma es guiada después de la muerte por un quiltro (perro) lanudo y negro, quien la lleva hasta un anciano barquero. Este anciano la transportaría a través de un río (el río de las lágrimas) hasta el país de las sombras. La embarcación que la transporta, es según esta creencia, una anciana transformada en ballena.

En cualquiera de los casos, el mapuche tiene sumo respeto por sus muertos y los sepulta en lugares especiales, como son los chenques (cuevas naturales de los cerros).

 

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