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Un cuadro milagroso

En el corazón del casco histórico santafesino hay un cuadro de la Virgen María que obró un milagro en el siglo diecisiete. Todavía se venera la imagen.

Uno de los espacios más emblemáticos del casco histórico de la capital santafesina es el Santuario Nuestra Señora de los Milagros. Es la iglesia de los jesuitas, pegada al también antiquísimo Colegio de la Inmaculada Concepción. El templo es presidido por un gran cuadro de la Virgen María. Se trata de una de las tantas representaciones de La Inmaculada. Cuenta la historia, documentada en actas del Gobierno local, que en 1636, cuando Santa Fe aún estaba en su anterior locación, la imagen obró un maravilloso milagro. Al día de hoy, el cuadro sigue siendo venerado no solo por los fieles del Santuario, sino por miles de creyentes que lo visitan, por su historia de sanación.

La festividad santafesina de Nuestra Señora de los Milagros se fijó en el día 9 de mayo. Si bien no hay dudas de que la patrona de la ciudad es la Virgen de Guadalupe, este milagro es el más importante que se le atribuye a María en tierra santafesina, bajo otra advocación.

Sudor milagroso

Aquel 9 de mayo, en lo que hoy se conoce como Santa Fe La Vieja, el cura de la Iglesia se prestaba, como todas las mañanas, a realizar sus oraciones frente al cuadro de la Madre cuando, extrañamente, comenzó a notar que la imagen transpiraba. Buscó trapos para intentar secarla. Fue en vano, porque el sudor continuaba. Pidió ayuda a los vecinos del pueblo. Fueron muchos los que atestiguaron la rareza: gotas continuaban brotando del lienzo de la Virgen, sin origen aparente. Curiosos se siguieron sumando. Apareció el mismo jefe de la ciudad. El hecho quedó registrado en actas oficiales de las autoridades de la época. Lo milagroso del hecho se termina de consolidar ante el testimonio, también documentado, de que los paños húmedos con los que se intentaba secar a la Virgen fueron colocados sobre los cuerpos de personas enfermas. Estas sanaban instantáneamente.

La ciudad de Santa Fe se trasladó a su emplazamiento actual en el año 1670. Desde entonces hasta la actualidad, el cuadro de la Virgen sigue siendo venerado por miles de fieles católicos y por todo aquel que se le acerca con fe, confiando en que Jesús puede obrar milagros a través de una imagen de su mamá.


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