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Un animal de arrastre

La mula se convirtió en el medio de transporte y carga más utilizado para cruzar la Cordillera de Los Andes. Un verdadero animal.

Tan obediente y obstinada en su objetivo es la mula, que suscitó el dicho “más terco que una mula”. Cruzar a Chile o subir el Aconcagua son algunas de las hazañas que le podemos atribuir a la mula. Se trata de un animal que ha resultado indispensable para la historia y el desarrollo de Mendoza. Su fuerza y resistencia destacan sobre bueyes y caballos.

La mula es más lenta y menos estética que el caballo, pero, por su docilidad, fuerza y resistencia, fue empleada en el transporte de grandes pesos (carguera y minera), arado de la tierra (de tiro) y tareas rurales, y por su gran tolerancia y adaptación a los trabajos repetitivos y rutinarios, también se la utilizó para mover norias, molinos, jalar malacates, etcétera. Por lo que no es de extrañar, que el General San Martín las adoptara para el Ejército de los Andes, como cabalgadura o transporte de carga en montaña, dejando el caballo, para combatir en el llano.

Origen

La mula es un híbrido, que resulta de la cruza de un asno (equus asinus) y un caballo (equus caballus). Las crías nacidas a partir de esta cruza (burro y yegua), pueden ser indistintamente macho o hembra, pero el número impar de cromosomas (63), heredados de sus padres (62 el burro y 64 el caballo), las hace infértiles.

En comparación con el caballo, este animal posee una gran resistencia a la falta de agua y alimentación, pudiendo adaptar su dieta, al consumo de paja brava o madera, de ser necesario. Sus pezuñas son más pequeñas y duras que las del caballo, lo que, sumado al instinto natural para detectar el peligro en los senderos de cornisa, la hacen ideal para transitar este tipo de caminos.

La mula y el vino

La tropa estaba integrada por un importante número de animales (200 o 300), que transportaban dos barriles con casi 40 litros de vino cada uno, carga que entre barril, vino y guarniciones de cuero, superaban los 100 kg.

A las más ariscas o salvajes, conocidas como "chúcaras", se les cubría la cabeza con un poncho o un trapo, para que no se espanten con el ajetreo de la ciudad, costumbre que aún hoy, es llevada a la práctica por algunos arrieros, cuando las conducen al Parque Provincial Aconcagua.

Al ser conducidas por unos pocos arrieros, para evitar que se dispersaran, formaban recuas (pequeños grupos), que marchaban unidas unas a otras por la cola, siguiendo el sonido del cencerro de la mula madrina, que era tirada del cabestro y marcaba el ritmo.

Aconcagua y Plaza de Mulas

Saliendo de Horcones y siguiendo la Ruta Normal de Ascenso al Cerro Aconcagua, encontramos una ciudad de montaña, que sirve de bases para andinistas. Sirve como centro de aclimatación y cuenta con Servicios Médicos, Guardaparques, Patrulla Policial de Rescate y Auxilio de Montaña, agua, operadores logísticos, alojamiento y algunas más.

A Plaza de Mulas, nombre que rinde homenaje al animal, se llega por un sendero muy marcad por el tránsito de deportistas y de la mula. Se encuentra a 36 kilómetros de Puente del Inca, a más de 4.300 metros sobre el nivel del mar.

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