Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Tomarse su tiempo

¿Por qué será que nuestras rutinas diarias se prolongan y hacen que la cena se retrase más que en otros lugares?

Algo bastante parecido a la desesperación sucede cuando un argentino deambula por alguna ciudad del mundo con muchas ganas de cenar y ningún lugar con la cocina abierta. Aparentemente, nuestro reloj habitual no funciona en todos lados y tratar de cenar después de las nueve de la noche se vuelve toda una aventura.

En casa, en cambio, el cronograma es otro. Con variaciones que dependen de las rutinas, del día de la semana y del menú, nuestro horario de cena oscila entre las nueve y la medianoche. Si comemos afuera, podemos encontrar restaurantes que funcionan incluso hasta la madrugada.

¿Por qué será que nuestras rutinas diarias se prolongan y hacen que la cena se retrase más que en otros lugares? En Argentina nos gusta tomarnos tiempo para las cosas. Un café al paso puede extenderse una hora, una reunión de trabajo comienza con charlas variadas hasta que nos metemos en tema, ir al almacén puede demorarnos más de lo habitual si se genera una conversación entretenida, llegamos del trabajo y los mates van y vienen mientras nos ponemos al día con la familia. Si nos juntamos con amigos, la previa de la comida se alarga entre picada y preparación, y la sobremesa, ni hablar.

Todo esto hace que nuestro día necesite más horas: si cenáramos a las ocho, la jornada nos quedaría corta. Necesitamos ese tiempo extra para el encuentro, para preparar una rica comida, para aprovechar los últimos momentos del día de la mejor manera. Y la buena digestión antes de ir a la cama quedará como una materia pendiente.

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