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Todo muy lindo, pero me voy unos días

Vivir en lugares turísticos no nos quita las ganas de emprender nuevos rumbos. En Chubut, muchos optan por unir los dos extremos de la provincia.

Las temperaturas cálidas, el inicio de un nuevo año y las ganas de pasear -más que nada tras un largo período excepcional de quedarse en casa- hacen que quienes deciden (y pueden) viajar a otros lugares a vacacionar, elijan algo distinto a su cotidianeidad. 

Chubut se divide, simplificando y a grandes rasgos, en dos: cordillera y mar. No es regla estricta, pero quienes residen en la parte este de la provincia comúnmente eligen ir a disfrutar de las montañas, de los lagos y del verde cordillerano; en cambio, los habitantes de Esquel, Trevelin y pueblos aledaños, organizan su veraneo en las costas de Puerto Madryn, Puerto Pirámides. Los cambios de paisajes influyen para un descanso más explícito: dejar de ver -por unos días- las bellezas de la Cordillera de los Andes para contemplar el mar y la Península Valdés, y viceversa.

Cabe destacar que los meses de diciembre, enero y febrero, mayoritariamente, se da un gran protagonismo del territorio y los pueblos a través de las Fiestas Populares por acá y por allá; degustación gastronómica, de bebidas, artesanías y de grupos y artistas musicales: el sol que cae ya con un horario bastante avanzado, te incita a aprovechar al máximo las maravillas de cada rincón del Chubut.

La fiesta del Pulpo en Playa Magagna, Playa Unión, los diversos espectáculos sobre la costanera de Puerto Madryn, el Encuentro Provincial de Artesanos en Epuyén; la Fiesta del Asado en Cholila y del Tren a Vapor en El Maitén, como otras tantas: la de la Energía en el Dique Florentino Ameghino o en la meseta, en Los Altares (Flecha Regional de la Flecha).

Aunque Los Altares no supera los 800 habitantes, es un lugar estratégico y una parada obligatoria para todo viajero que transita la Ruta Nacional Nº 25: luego de estirar un poco las piernas, al lado de un pequeño espacio de juegos infantiles, uno entra al negocio de la Estación de Servicio y, aunque uno no tenga hambre o no sea horario de almuerzo, hay que sacar la billetera y gastar (o invertir) en un gran y famoso producto local: pan casero, jamón crudo y queso, con manteca o mayonesa, y calentito. Una fiesta de sabor desde que la persona lo pide: ¿se puede pecar de exagerado? Tal vez sí, o tal vez no y estamos todos con agua en la boca pensando en ese gran sándwich de pan casero.  

Los sándwich y Los Altares serían como una antesala a llegar al destino turístico - vacacional como también en el regreso a la tranquilidad y comodidad de la casa: está en el centro de la provincia y es, además, un quiebre bastante notable de la cordillera con la meseta, en el sentido que el paisaje del Valle, con los colores anaranjados de las formas rocosas, te acompañan varios kilómetros en la conducción, y a veces, también se suma el Río Chubut.

El verano patagónico tiene diferenciaciones no solo de temperatura, sino de ritmos y de eventos: mientras que la costa tiene gran presencia de ese frío y viento de mar, la arena entre tus dedos de los pies; la cordillera es más verdoso, junto a grandes árboles y flora en general, y lagos más tranquilos, si es que no hay un viento que “pica” las aguas de deshielo.

Chubut es extensa, diversa y con grandes paisajes aprovechables todo el año: el verano es la excusa perfecta para seguir redescubriendo rincones, personas, productos y fiestas en una provincia que siempre te da una sorpresa. Al descanso veraniego y vacacional se le suma la alegría de recorrer kilómetros de tus lugares favoritos dentro de los límites provinciales.

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