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Sudafricanos en Patagonia

Los bóers llegaron a principios del siglo XX y se asentaron en la estepa. Los descendientes de estos sudafricanos en Patagonia todavía hablan en afrikáans.

Quizás sorprenda al lector que, entre tanto tehuelche, mapuche, español, galenso e italiano, también había sudafricanos en Patagonia… La idiosincrasia patagónica es tal que hoy mismo transitan, por la provincia chubutense, bóers a caballo. Algunos descendientes, los de más edad, incluso se encuentran hablando con palabras que en África no se usan hace años.

Bóer significa “campesino” o “paisano” en lengua neerlandesa. El nombre se usa para denominar a los descendientes de holandeses que colonizaron el extremo sur africano en el siglo XVII, que hablaban afrikáans, una lengua germánica derivada del neerlandés medio.

En el último tercio del siglo XIX, los bóers tuvieron varios enfrentamientos con el Imperio británico y los colonos de ese país. Fueron finalmente derrotados en 1902 y muchos de ellos decidieron no aceptar el Gobierno británico e instalarse, en cambio, en otras partes del mundo. Por eso, entre 1902 y 1908, llegaron a Argentina más de 600 colonos bóers, la mayoría de Transvaal y el Estado Libre de Orange. El Gobierno nacional les cedió tierras y se establecieron en la provincia de Chubut. Formaron la Colonia Escalante, se asentaron en Manantiales Behr, Pampa Salamanca, Puerto Visser, Cañadón Baumann, entre muchos otros lugares, y fueron trazando caminos hasta Comodoro Rivadavia.

Se dedicaron a la agricultura y a la ganadería, crecieron y prosperaron. Las primeras generaciones de sudafricanos en Patagonia tuvieron una vida relativamente aislada, y lograron mantener su lengua y sus prácticas culturales. Sus descendientes crecieron hablando bóer. En 1950, sin embargo, aumentó el contacto con las comunidades cercanas en Comodoro Rivadavia y Sarmiento, y las comunidades se fueron asimilando al sur que hoy conocemos.

Manteniendo la cultura

Hoy tan solo un puñado de los bóers asentados en Patagonia aún pueden comunicarse en afrikáans: un afrikáans mantenido en el tiempo, que aprendieron de sus padres y abuelos, pero que hoy ya no se habla en Sudáfrica. Este fenómeno motivó un estudio en la Universidad de Michigan.

Coetzee, sudafricano y lingüista de la Universidad de Michigan, comentó que, cuando se contactó con los miembros de la comunidad patagónica, no reconoció inicialmente la ortografía que estos emplearon. Ya que los primeros colonos galeses emigraron de Sudáfrica antes de que la lengua tuviese una escritura y ortografía oficial y, por ese motivo, su idioma era esencialmente oral. El caso era tan especial que derivó en un grupo de investigación entre lingüistas expertos en afrikáans y español.

El cineasta sudafricano Richard Gregory se sumó al primer viaje de investigación de Coetzee y filmó un documental titulado Los bóers del Fin del Mundo, con el eje en la historia de estos colonos y sus descendientes. Las imágenes son emocionantes: los bóers están ataviados como argentinos, pero hablando en afrikáans en medio de la estepa. La filmación tiene momentos melancólicos: sobre todo cuando las generaciones más grandes miran con tristeza que los más jóvenes han perdido muchos elementos de su cultura bóer.

Aún a pesar de que la tarea es titánica, la colectividad sudafricana sigue comprometida en conservar y promover sus orígenes y, en esta dirección, ha creado un centro cultural y un museo. También puede verse su actividad en las redes sociales en distintas páginas de Facebook, como la colectividad sudafricana de Sarmiento o de Chubut.

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