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Sopar la medialuna en el café con leche

Para algunos, una “grasada”. Para otros, ritual obligado. Y vos, ¿sopas la medialuna en el café con leche?

El desayuno o la media tarde de los argentinos, y sobre todo de los mendocinos, se compone de un café con leche acompañado de medialunas o tortitas raspadas.

Claro que está la variable del mate o el té. Y también hay modificaciones a la hora del acompañamiento, donde podemos encontrar tostadas de pan blanco, de pan negro, con manteca, con queso, con dulce, con miel o con todo a la vez. Pero, en general, el café con leche y la medialuna es la base de toda colación.

Al ser tan clásico y popular, el café con leche y la medialuna (y permítanme sumar la tortita raspada, como buen mendocino) tienen todo un manual sobre la forma de consumirse. Se puede tomar amargo, se puede endulzar con edulcorante, con azúcar común o mascabo. Hasta ahí todo normal.

Se abre el debate

La discusión empieza cuando, luego de haber ingerido algunos sorbos de café con leche, nos disponemos a pegar el primer bocado de la tortita raspada o la medialuna. Hay algunas variables para esto. Se puede comer, masticar y tragar el bocado, dejar pasar algunos segundos o minutos, y recién ahí dar un sorbo de café. Otros, no bien mordieron un pedazo del panificado, ya están sumando un trago de café con leche, para hacer una amalgama de sabores en su boca.

Pero lo que es una característica bien mendocina, aunque mal vista por algún sector de la sociedad, es sopar la medialuna o la tortita raspada en el café con leche. Es como comer y tomar a la vez. Si la medialuna está entera, se corta uno de sus extremos y se introduce adentro de la taza. Nunca se mete uno de los extremos de la medialuna de canto en el café con leche. Se lo deja reposar durante más de 10 segundos, para que se impregne bien del sabor. Hace el famoso efecto esponja. Se saca, y directo al buche.

Con la tortita raspada pasa lo mismo. Se corta un pedazo, se introduce en la bebida hasta mojarnos un poco los dedos pulgar e índice y se deja estacionar. En este caso se necesita más tiempo ya que la tortita es más dura y un poco más impermeable. Una vez ablandada e impregnada, directo a la boca. Un manjar.

Caso extremo

Cual submarinos o peces, los pedazos de medialuna o de tortita nadan y se sumergen en la taza, todos a la vez. Esto sí resulta un poco más inadmisible. Pero hay quienes lo hacen, por eso lo contamos. La medialuna o la tortita raspada se corta en 4 o 5 pedazos y todos se introduce, a la misma vez, adentro de la taza, cual leche con cereales. Claro que hay que tomar unos buenos sorbos antes, para quitar volumen al café con leche y que no se rebalse al momento de introducir los panificados.

Pero esto se transforma en un verdadero enchastre. Algunos pedazos se desintegran y espesan el café con leche. Y, para comerlos, hay que pasarlos a buscar con la cuchara. Definitivamente seremos objeto de inquisidoras miradas por parte del resto de los comensales y del mozo. Sin embargo, sobre gustos no hay nada escrito. No hay un manual definitivo e inviolable sobre cómo tomar un café con leche con medialunas o tortitas raspadas. Así que, si te gusta y te hace feliz, dale para adelante.

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