Ser Argentino. Todo sobre Argentina

"Sin el Chori y sin la Coca..."

Los cacerolazos significan que el malestar es real. Sin manejos políticos, sin violencia, sin el chori y sin la coca.

En Argentina, cualquier movilización en protesta de algo tiene una mezcla de politización, banderas partidarias y sospechas de inducción, con la manifestación real de ciertas convicciones e ideales. Las bombas molotov, los palos y las piedras, muchas veces, tapan las voces de quienes luchan por lo que creen justo.

Pero esa confusión se disipa cuando salen las cacerolas. Cuando el ciudadano de a pie, en los barrios, sale pacíficamente a expresar una postura determinada con lo que tiene a mano. Cacerolas, ollas y otros utensilios domésticos se utilizan para hacer ruido, para hacerse escuchar, a veces acompañados por bocinazos, apagones y otras medidas de protesta.

Los cacerolazos están mayormente asociados a la clase media: fue la clase media la que incorporó esta nueva herramienta de manifestación allá por el 2001, cuando la Argentina se venía abajo.  En diciembre de ese año, el epicentro de los cacerolazos fue la Plaza de Mayo, pero luego los vecinos salieron a la calle en cada barrio para reclamar por la situación del país.

A partir de ese momento, se convirtieron en un clásico. A veces son masivos, a veces locales. A veces autoconvocados, a veces espontáneos. A veces, incluso, la gente cacerolea desde adentro de sus casas, asomada a sus ventanas, balcones y jardines. Los gobiernos cambian, los motivos también, pero esta forma de manifestación pacífica parece haberse arraigado en los usos y costumbres argentinos.

Los cacerolazos significan que el malestar es real. Sin manejos políticos, sin violencia, sin el chori y sin la coca. Son sinónimo de que el descontento es en serio, de que el disgusto caló realmente en el pueblo. Cuando un gobierno se enfrenta a una cacerola, sabe que está ante una llamada de atención con la que, sin lugar a dudas, tendrá que lidiar tarde o temprano.

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