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Si sobra montaña, queremos mar

Al momento de pensar en las vacaciones, los mendocinos nos desesperamos por ir al mar. Pero es un trayecto largo, con muchas incidencias.

Ya hemos escrito en este sitio sobre las playas de Chile, y el fetiche que tenemos los mendocinos con el mar trasandino. Y, si bien son las playas más cercanas que tenemos, también hay algunos elementos disuasivos como el hecho de encontrarte con la misma gente que ves los 365 días del año, ya que todos, prácticamente, se van a Chile.

Por eso, otro destino de mar es la costa atlántica. Balnearios como Mar del Plata, Villa Gesell o San Bernardo han sido, históricamente, los más elegidos por los osados mendocinos que se disponen a recorrer los 1.300 kilómetros que nos separan se de estas playas. Son, como mínimo, 14 horas de viaje, en las que puede pasar de todo.

¿Hacés noche, o le das “de un solo tirón”?

Es el primer planteo que se hace una familia tipo que está por viajar a la costa atlántica. Sobre todo, los primerizos, porque los más experimentados ya conocen su resistencia al manejo, los horarios más convenientes, las estaciones de servicio que hay en el camino y otros datos a tener en cuenta. Y, ante esa pregunta, opinan todos. Incluso, hasta los que nunca han hecho este viaje.

Lo cierto es que el tema está dividido en partes iguales. Un grupo de viajeros prefiere hacerlo de una. Pero para eso hay que salir a las 4 o 5 de la mañana, de noche. Un momento clave es el amanecer. Pasadas las 6 y media de la mañana, el sol empieza a asomar en el horizonte, ya que viajamos en dirección este. Hay que estar despiertos y, en lo posible, ir tomando un café o un mate. Es que, las estadísticas marcan que ese horario es uno de los más letales para los accidentes de tránsito. Luego sólo hay que parar para cargar combustible, y aprovechar para ir al baño. Se come arriba del auto. Todos colaboran para manejar, ya que el cansancio es importante. Así se llega cerca de las 20. Cansados pero listos para dormir y arrancar al otro día al 100% en la playa.

El otro grupo, para a dormir. Sale desde Mendoza cerca de las 9 de la mañana y, dependiendo la ruta que haga, para cerca de las 19 en Lobos, Olavarría, Tandil o Saladillo, entre otros. Una pizza de cena, y a descansar. Al otro día, con sólo 4 horas de viaje por recorrer, se sale a las 9 de la mañana y al mediodía ya estamos en la costa, prestos para disfrutar la tarde de playa.

Servicio de a bordo

Es un viaje tan largo que, por lo general, incluye tres comidas: desayuno, almuerzo y merienda. Por eso, el día anterior se fríen unas milanesas y se preparan unos ricos sánguches. Además, agua, jugo, gaseosa, agua caliente, café, mate y, a veces, una bebida energizante. Además, galletas y algo dulce. De todo eso se compone el servicio de a bordo.

¡Vamos al súper!

Es una fija que, al llegar, lo primero que haces es ir al supermercado. Hay que abastecerse para toda la quincena. Alimentos de primera necesidad, algunos gustos costeros, el carro se llena y ya estamos más tranquilos. Claro que, al súper, van los padres. Porque los chicos ya están en la playa, relajados, e insistiendo y apurando con un whatsapp de tipo: “¿Qué pasa que no vienen? Tengo hambre”.

Unos días de gracia

Cuando el viaje se produce en la primera quincena de enero, está en el poder de persuasión de los inquilinos el hecho de poder conseguir un ingreso prematuro, antes del 1 de enero. El objetivo es pasar año nuevo en la costa y, de paso, “pechar” un par de días de regalo. Por eso, la gran mayoría de los mendocinos viaja entre el 28 y el 30 de diciembre.

Así viajamos los mendocinos. Bien provistos, es que nada puede salir mal. Ir al mar es un verdadero ritual para todos, y no puede fallar.

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