Ser Argentino. Todo sobre Argentina

¿Sabías que Charles Darwin estuvo en Santa Fe?, parte 2 

Cómo vio a Rosario y a nuestra provincia alguien tan importante para la historia mundial como el inglés Darwin. 

El viaje de Darwin, a bordo de la nave Beagle y al mando del joven capitán Robert Fitzroy, duró cinco años aproximadamente. Partió de Inglaterra desde el 27 de diciembre de 1831 y regresó el 29 de octubre de 1836.  Sin contar los 20 días que le demandó el viaje a Mendoza procedente de Chile, a través de la Cordillera de los Andes (entre marzo y abril de 1835), Darwin permaneció en distintos puntos del actual territorio argentino desde el 24 de julio de 1833 hasta el 10 de junio de 1834 en que, a través del estrecho de Magallanes, el Beagle pasó al Océano Pacífico rumbo a la región central de Chile.  Prácticamente un año de su extenso viaje y ocho de los veintiún capítulos de su Diario de Viaje se refieren a nuestro país. 

En Argentina pasó casi un año observando atentamente, en ambientes generalmente poco confortables, cosas y gentes. Dedicó muchos comentarios a Rosas. Lo conoció personalmente y este hecho le permitió evitar no pocas situaciones difíciles gracias a un pasaporte con una orden para las postas del gobierno que Rosas le concedió.  Darwin señala que los establecimientos de Rosas “…están admirablemente administrados y producen más cereales que el resto.  Lo primero que le dio gran celebridad fueron las reglas dictadas para sus propias estancias y la disciplinada organización de varios centenares de hombres para resistir con éxito los ataques de los indios”. Rescata sus cualidades de gran jinete, también muy apreciadas por la gente de campo: “…de conformidad con los usos y costumbres de los gauchos, se ha granjeado una popularidad ilimitada en el país…”. No escatima elogios: “…es un hombre de extraordinario carácter y ejerce una enorme influencia en el país…”. 

 

Impresiones santafesinas 

En Argentina, Darwin tomaba mate, rito que extranaría mucho en su vejez. Su hijo comenta: “le he oído hablar del gran consuelo que suponía un mate y un cigarrillo cuando descansaba después de una larga cabalgata y le era imposible conseguir algo de comer durante algún tiempo…”. 

Una de las cosas que llamó la atención del naturalista al transitar Santa Fe fue el cambio de la avifauna respecto de Buenos Aires. Le sorprendió mucho esta diferencia, pese a ser provincias vecinas y, por el este, compartir el río Paraná. “En el transcurso de una hora observé media docena de las últimas que nunca había visto en Buenos Aires. Considerando que no existen fronteras naturales entre las dos regiones y que el carácter del país es muy semejante, la diferencia dicha era mayor de la que podía esperarse”, había dicho. 

En su Diario de un naturalista hay citas textuales en las que describe a la que sería la principal ciudad de nuestra provincia. Finalmente, reflexiona sobre cómo, seguramente, sufrió el rigor del calor en la actual capital provincial. 

Rosario es una gran ciudad, edificada en una meseta horizontal sobre el Paraná, unos 18 metros. El río aquí es muy ancho y tiene numerosas islas, bajas y frondosas, como también la opuesta ribera. La vista del río parecería la de un gran lago, a no ser por las islitas en forma de delgadas cintas, únicos objetos que dan idea del agua corriente. Por la mañana llegamos a Santa Fe. Allí, me sorprendió observar el gran cambio de clima, producido por la diferencia de sólo 3 grados de latitud, entre este lugar y Buenos Aires. Así lo evidenciaban el vestido y la complexión de los hombres, el mayor desarrollo del ombú, el gran número de nuevos cactus, otras plantas, y, especialmente, las aves". 

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