¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Viernes 09 De Octubre
Para moverme por Buenos Aires, nada mejor que mi motito. Parecida a esas de delivery. Hasta tiene valijita. Imaginate si andan como trompada en el pueblo, lo que es en la gran ciudad. Amo mi motito.
El tema es que tuve que romper la cuarentena. Tenía que ir a una farmacia (lejos), en busca de un remedio preparado especialmente para mi papá. Pero primero, tenía que pasar a buscar la receta por lo del médico. Esa era la etapa peligrosa del trayecto. Con la receta en mi mano, no tenía problema de encarar los controles policiales. Que los hay.
¿Te digo la verdad? Los primeros 10 minutos fueron de euforia. ¡Un poco de libertad! Extrañaba andar en moto, la verdad. Me encanta. El aire en la cara. Oler todos los aromas de la ciudad. Hasta de las mujeres de los autos que pasan. Es impresionante, pero se sienten de verdad.
Primero me agarró como culpa de estar rompiendo la cuarentena. Lejos de sentirme un groso por contravenir la ley, como nos gusta a los argentinos. Sigo. Culpa. Sentía que todos sabían que no soy un delivery. Que absolutamente todos los pocos que cruzaba por la calle me miraban con rencor. Que todos los patrulleros que me crucé me iban a parar. Y que me iban a meter en cana.
El palomo llegó a la farmacia sano y salvo. Y partió rápidamente de nuevo a la base. La oscuridad de la noche era mi cómplice.
Control policial. ¡¿Qué les costaba hacerlo en otro lado?! Tres cuadras más allá, ponele. ¿¡A dos put@s cuadras lo ponen?! ¡Ya llegaba! ¡No van a ser tan turros de mandarme en cana a dos cuadras de mi casa! ¡No puedo tener tanta mala leche! ¡¿Y quién carajos me manda salir a comprarle remedios al gil de mi viejo?! ¡Si no se iba a morir!... Bueno, creo...
Patrulleros. Canas. Más canas. Todos con barbijos. Armas. Muchas armas. Luces enceguecedoras. Parecía una película del futuro. Yo venía por la mano más lejos de donde estaba el retén. A mi derecha, autos. Cagaron todos.
El primer cana, hizo señales de parar al costado. Seguí avanzando por mi mano a paso de hombre. Creí que no me miraba, así que seguí. Ni bien estaba por pasar a su lado, me miró fijo. Te juro que me vi como Diego Torres gritando "¡Guardiaaaa!" en la película. Frené. Obvio. El cana no me había sacado la vista de encima. Y me dice: "Delivery?... Andá tranquilo..."
¡La put@ que vale la pena estar vivo! ¡Qué lindo es ser delivery en Buenos Aires!
Fecha de Publicación: 01/04/2020
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