¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Jueves 08 De Octubre
En 1910 seguía firme la repercusión de “La restauración nacionalista” de Ricardo Rojas, editado un año antes, trabajo por cierto pedido por los gobiernos conservadores de ese entonces, y que proponía, entre otros puntos, “restaurar el pasado histórico para definir el destino”. Ese era con todos a bordo, no solamente los que vinieron en los barcos, sino también con los pueblos originarios. En esa dirección la editorial Estrada publicaba de Félix Outes y Carlos Bruch, discípulos del Perito Moreno en La Plata, “Los aborígenes de la República Argentina” orientado a las escuelas primarias y medias. Haciendo un recuento de los tribus y etnias menciona casi al pasar que los Onas, esos señores del Sur que habían impresionados a Fitz Roy, Darwin y Piedrabuena, “son pocos ahora y subsisten en el interior de la isla –Tierra del Fuego- a través de sus llanuras y de los bosques”. Eran los tiempos que los colonos británicos, salesianos italianos y criollos pagaban una libra por “cabeza de indio. Muerto”.
Hermanos de los chonecas –también desaparecidos- y los yámanas –que vivían en los que hoy es lado chileno del estrecho de Magallanes-, los onas o selk'nams dominaron por siglos la isla más austral de la argentina y llegaron a caminar Río Negro, nómades y de “elevadísima estatura” anotarían los cronistas, y manteniéndose al margen de los cambios sociales y políticos del continente hasta mediados del XIX, incluso también desagregados del florecimiento de las tribus norpatagónicas que vivieron un gran florecimiento económico y social en la década de 1850. El proceso de sometimiento y exterminio por la expansión terrateniente los fue empujando a recluirse en la isla hasta la extinción, en las primeras décadas de la centuria anterior. En el nuevo milenio distintos movimientos argentinos y chilenos, iniciados en Argentina en 1984 con las políticas del presidente Alfonsín, intentan recuperar la cultura y las tradiciones de un pueblo aún olvidado.
Quien los tuvo muy presente, y desde su gobernación del Territorio Nacional de Río Negro, fue el botánico e ingeniero Carlos Gallardo, un modernizador de los valles patagónicos. Y un humanista que en 1910 escribe el extenso “Los onas”, un acabado retrato de los pocas decenas de los miles que vivían en la región apenas décadas antes, sucumbiendo en definitiva ante “el progreso de la ganadería y la minería”, acota resignado Gallardo:
“El aspecto general del ona impresiona gratamente, pues se presenta como un hércules sano y ágil, y esa impresión se acentúa al ver su porte altivo, su arrogancia, la mirada franca con que exterioriza la plena confianza que en sí mismo tiene y el convencimiento de su propio valer. Caería, pues, en error quien creyera que los indios onas son feos, mal conformados, repulsivos, abyectos, mostrando miseria física y bajeza moral. Es cierto que se ve entre ellos hombres y mujeres bastante feos, pero la gran mayoría está formada por tipos agraciados, bien formados, de pies y manos pequeños y de formas que llamamos aristocráticas, con dientes blanquísimos, con ojos que no son grandes ni pequeños, pero que tampoco son oblicuos. Hay individuos, entre los hombres y las mujeres, que comparados con los de cualquier otra región del globo, no hallarían en hermosura y corrección de formas.”
“Debemos agregar que el hombre es más hermoso, mejor dotado físicamente que la mujer, y que ello debemos atribuirlo al sistema de vida. También desde el punto de vista de la inteligencia el hombre lleva la supremacía. Ambos son fuertes, ágiles, resistentes, infatigables, sobrios, demostrando en todos los ejercicios corporales la excelencia de sus cualidades.”
“Si bien existen diferencias entre los onas del sud y los del norte, éstas no son muy notables. Estos últimos han vivido desde tiempo inmemorial en la vecindad de los sitios habitados por los yáganes á los cuales tomaban algunas mujeres, y aun cuando es positivo que el tipo del ona ha predominado sobre el otro, á tal punto que, si se me permite la palabra, diré que lo ha absorbido, no deja de observarse algunas modificaciones al comparar á los indios de las dos regiones antes mencionadas. El ona, ya lo hemos dicho, generalmente es alto, pero su estatura está muy por debajo de los dos metros establecidos como mínimum para que debiéramos clasificarlo en la categoría de gigante. Su mayor altura alcanza á 1.84 metros en el hombre y 1.70 en la mujer, pero son dos casos excepcionales. Además de la raza, tres factores imperan para que los onas sean grandes: las excelentes condiciones higiénicas en que viven, el ejercicio regular y constante y la abstención absoluta de bebidas alcohólicas, del tabaco y demás degeneradores de la especie humana.
Y no tienen ni conocen nada de esto porque á causa de la pobreza de la región en elementos requeridos para su vida nutritiva, siempre se han visto obligados á llevar vida nómada y á fraccionar su número total en tantas agrupaciones cuantas fueren necesarias para que cada una y todas ellas encontraran lo necesario para vivir.
Las agrupaciones de los onas, que llamaremos tribus ó compañías, si bien tuvieron por causa inicial de su formación la pobreza en la caza de la región en que habitan, sus individuos fueron indudablemente impulsados á reunirse por su sensibilidad, su inteligencia y su voluntad y con el fin de obtener por la vida en común todas las ventajas que proporciona la sociabilidad, cualquiera que sea su grado de perfección”.
“Están constituídos sobre la base de la más perfecta libertad é igualdad, sistema que trae como consecuencia, en muchos casos, el predominio de la fuerza. Esto no quiere decir que el ona haga lo que quiera: está sujeto á leyes que si bien no están escritas se respetan. Hay en esto una diferencia con lo que pasa en otros países civilizados en que existen centenares de leyes escritas, sí, pero que son letra muerta en la práctica”. Fin de cita.
“Sólo se ve el sentimiento de la solidaridad en los Onas” menciona Gallardo en las últimas páginas de libro reeditado por Zagier & Urruty, editora de Ushuaia, en 1998. Una princesa ona fue recibida con honores en las islas Malvinas, en la gobernación nacional de Vernet en 1830, y hubo planes de realizar una alianza defensiva con los pueblos originarios de la Patagonia para enfrentar la rapiña de ingleses y norteamericanos. No había ocurrido aún el 2 de enero de 1833 y la historia la conocemos, bien, muy bien.
Imagen: DW
Fecha de Publicación: 21/06/2025
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