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Pueblos hermanos, a pesar de los límites geográficos

Si bien los patagónicos están acostumbrados a las largas distancias, hay ciudades que están pegadas, separadas simplemente por un detalle: la frontera provincial.

Ya se ha hablado del acostumbramiento de las largas distancias en la Patagonia, también de cierta regla implícita de que los cordilleranos vacacionan en la costa y que quienes residen del lado este de las provincias son más de relajarse entre montañas: ¿pero la hermandad interprovincial? Hasta estas líneas, no.

Los límites geográficos de las provincias son demarcaciones más que nada institucionales, para entender si se está pisando suelo santacruceño, chubutense, rionegrino o neuquino. Aunque, muchas veces, no existen pueblos que nos anuncien el paso de una provincia a otra, sino que hay un puesto de oles de Gendarmería -como es el caso de Arroyo Verde en el límite noreste de Chubut con Rio Negro-, hay otros lugares que a pesar de estar separados por el límite geográfico entre un distrito y otro,están más cerca entre sí que con otras localidades de la misma provincia.

Esto hace que movilizarse de una a otra sea cotidiano para muchas personas. La ciudad de El Bolsón, parada turística de argentinos y de otras partes del mundo, es un claro ejemplo: queda prácticamente pegada a Lago Puelo, más específicamente al paraje Las Golondrinas (que forma parte de esa localidad). En un abrir y cerrar de ojos, se unen ambos pueblos: menos de 10 minutos, un tiempo que, tranquilamente, podría ser ir a comprar algo al supermercado del barrio y volver a casa.

Otro ejemplo de Chubut con otra provincia se da al sureste, entre el conglomerado Comodoro Rivadavia-Rada Tilly, sus playas y otras de la provincia vecina de Santa Cruz: de uno y del otro lado del límite geográfico, existe una playa con el mismo nombre, y esa es Bonita. También se da entre la segunda ciudad más grande rionegrina, Cipolletti, y la capital neuquina: estas localidades están divididas por el río homónimo, como ocurre al este rionegrino: Carmen de Patagones, pertenenciente a la provincia de Buenos Aires, ve del otro lado del río Negro a la ciudad hermana de Viedma.

La cotidianeidad de trasladarse de provincia a provincia ha sido un problema en algunos momentos específicos de la historia: recientemente con el aislamiento social, preventivo y obligatorio por la pandemia del coronavirus. Es que mientras se realizaban aperturas de ciertas actividades y sectores de un lado, del otro no. Las decisiones se tomaban desde las instituciones gubernamentales provinciales y, a veces, eso complicaba la movilidad. Los permisos, los trabajos, los paseos, se debieron adecuar a las nuevas restricciones.

Hace unos años, cuando por la crisis energética era común el cambio de huso horario, adelantando o retrasando una hora los relojes, llegó un momento que algunas provincia acataron el cambio de horario y otras decidieron que no: ¿cómo debían hacer los trabajadores de Viedma para cumplir con sus obligaciones laborales en Carmen de Patagones si tenían que estar atento a que, del otro lado del río, tenían una hora diferente? Fueron por la más simple: adherir al huso horario de la ciudad vecina a contramano del resto de la provincia. La frustración que inundó a algunos en aquellos días ya se convirtió en anecdótica; hasta algunos adolescentes se salían con la suya porque aprovechaban para estar más tiempo con sus amigos por esa “hora de más”.