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¿Por qué sos de Huracán?

¿Cómo elige alguien al club de sus amores? ¿Es herencia, es barrio, es amor? ¿Es todo eso? ¿Boca, River, Huracán, Gimnasia? ¿Por qué?
Así somos
hinchas-huracan
| 28 marzo, 2020 |

Podríamos decir que, sacando a los cinco grandes del fútbol –cuyos hinchas están repartidos por todo el país–, la pertenencia a un club, en general, está ligada al barrio donde uno nació. Y, en cierta forma, se hereda. Fernando es fanático de Huracán, al punto de que, cuando alguien quiere hacer referencia a él, dice: “El de Huracán”. Desde el principio, me llamó la atención ese amor por el Globo en alguien que se crio en el oeste de conurbano bonaerense, tan lejos del barrio de Parque Patricios. Entonces, se lo pregunté: ¿por qué sos de Huracán?

Mi duda, que en un comienzo le resultó hasta algo ofensiva, lejos estaba de intentar menospreciar al club de sus amores. Era simple interés geográfico y social. ¿Cómo te llegó el amor, dónde lo conociste, cómo viajó desde el sur de la Capital Federal hasta Ramos Mejía? Supe que detrás de eso tenía que haber una historia. Y la encontré.

El globito de Miguel

El primer quemero de la familia había sido su abuelo Miguel. Casi por casualidad. Una vez, el padre de Miguel había salido de viaje. En barco, por supuesto. Cuando estuvo de regreso en el puerto de Buenos Aires, quiso llevarle un regalo a su hijo: una camiseta de fútbol. Como no tenían tradición futbolera, ya que habían llegado de España no hacía mucho y no seguían a los equipos locales, eligió una por simple gusto. Eligió la que tenía algo distinto a las demás: la del escudo del globito. Cuando recibió el regalo, Miguel sintió curiosidad, se metió en el mundo del fútbol y nunca más salió. Heredaron ese amor sus hijos y, por supuesto, Fernando, el nieto al que no conoció.

El fútbol tiene eso de inexplicable, y es lo que lo hace tan especial. Cómo heredás una pasión de alguien que no pudiste conocer. Cómo te enamorás de un escudo, de unos colores. Es familia, es sangre. Se hereda, se cría, se alimenta. Crece. Y nos acompaña toda la vida, como el verdadero amor.

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