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¿Por qué las argentinas estamos obsesionadas con el pelo lacio?

Se ve en las calles: la mayoría de las mujeres argentinas elige llevar el cabello largo y lacio. ¿Por qué escondemos los rulos?

Así somos
palo lacio

“Me encantan tus rulos”, me dicen siempre, desde rostros enmarcados en melenas de formol. Te gustan mis rulos… ¿pero los tuyos no? A diferencia de lo que pasaba en los años 80 –cuando la permanente era la vedette de las peluquerías–, hoy las argentinas estamos obsesionadas con el pelo liso. Según la Unión de Peinadores de la Argentina, aquí las mujeres prefieren el cabello largo, lacio y, preferentemente, rubio.

Alisados, planchitas, tratamientos con formol: todo vale para lograr el tan ansiado cabello liso, bien pegado a la cabeza. Incluso la que es lacia natural, muchas veces, no se siente lo suficientemente lacia, y también recurre a tratamientos. Lo llamativo es que esto no es así en todo el mundo: quien camine por Madrid o Roma –por poner un ejemplo– podrá notar que hay mujeres de pelo lacio y otras de pelo enrulado, casi en la misma medida. Al parecer, esa lucha permanente contra la propia naturaleza está más arraigada por tierras latinoamericanas.

 

No importan los medios

Dicen que en Argentina batimos récords de psicólogos y peluqueros: aparentemente, nos gusta cuidar nuestra cabeza por dentro y por fuera. Según una encuesta de L'Oreal, en nuestro país, 7 de cada 10 mujeres van a la peluquería regularmente. Lo hacen 9 veces al año, cuando en Europa suelen ser 5. Existen alrededor de 42.000 peluquerías: en Buenos Aires, es bastante común encontrar más de una en la misma cuadra. Dentro de los tratamientos que se hacen las argentinas, el color y los alisados son los más frecuentes.

Para tener el pelo lacio no importan los medios: nos llenamos de químicos irrespirables que nos hacen llorar los ojos, ponemos nuestro cabello entre placas de hierro caliente y nos estresamos cuando –luego de un tiempo– el pelo crece y, de entre las raíces, comienzan a aparecer nuestras ondas naturales. Nuestro pelo verdadero, que nos viene a recordar cómo somos en realidad. Pero no queremos verlo; entonces, corremos de nuevo a la peluquería para que desaparezca y, así, vivimos esclavas de los “salones de belleza”, que nos venden una felicidad estandarizada a un precio para nada módico.

 

Rompiendo estructuras

Aunque no lo registremos, todas vivimos a merced de ciertos cánones que nos son impuestos. Todas aspiramos a un ideal de belleza hegemónico en el que ser flaca, blanca y lacia es la regla. Pero –por supuesto– no todas cabemos en esos estereotipos. Y muchas sufren por eso. En este contexto, modificar la forma natural de nuestro pelo es algo que está a nuestro alcance. Por eso, es lo primero que cambiamos. Habrá quienes argumenten que el pelo lacio es “más prolijo” y “tiene menos frizz” que los rulos, pero lo importante es ver cuáles son los motivos reales por los que no nos dejamos simplemente ser lo que somos.

Todas somos libres de elegir el peinado que queremos lucir y la ropa que queremos usar. Podemos elegir si queremos depilarnos o no. Podemos llevar el cabello castaño, rubio, colorado o violeta, siempre y cuando esa elección venga desde adentro y no desde algo impuesto externamente.

Hoy algunos de estos cánones se van rompiendo. Hoy, de a poco, nos vamos aceptando como somos. Hoy entendemos que ninguna es perfecta y que, en nuestras particularidades, está nuestra verdadera esencia. Y nuestra verdadera belleza. Cuando entendamos que nuestra mejor versión es simplemente ser como somos, vamos a dejar de buscar un ideal que no existe. Y, entonces, a brillar, mi amor.

Fecha de Publicación: 10/07/2021

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