Ser Argentino. Todo sobre Argentina

¿Por qué amamos el bidet?

Un infaltable en nuestros baños, pero difícil de encontrar en otras partes del mundo. ¿De dónde viene la fascinación de los argentinos por el bidet?

Quien tiene la suerte de conocer otros países lo nota al instante, un gran ausente en los baños extranjeros: el bidet. Su nombre de origen francés tal vez confunde; tal vez le da un aire internacional. Pero no: puede haber tenido origen francés, pero es argentino por adopción. Es que a nosotros nos parece obvio que exista esa extraña ducha invertida al lado del inodoro, pero la realidad es que, en la mayoría de los países, es una rareza. Y, si existe, el chorro viene desde atrás y no en forma de fuente, tal como estamos habituados a verlo. Es más, en teoría, el bidet debería usase al revés de como lo usamos: sí, originalmente, se utilizaba mirando las canillas, a caballito (y de allí proviene su nombre, que significa “pony”).

Entonces, cuando viajamos, lo sufrimos. Y, quien se radica en otras latitudes, lo extraña más que al dulce de leche. Pero ¿de dónde viene esa fascinación por el bidet? No se sabe a ciencia cierta. En sus comienzos, el bidet era un símbolo de estatus. Y a nosotros nos encantan los símbolos de estatus, ¿no? Puede que la cosa venga por ahí.

La realidad es que, a todos, desde chicos nos enseñan que hay que usar el bidet. No usarlo sería como lavarse los dientes sin pasta dental. O tomar la cerveza caliente. O no ponerle chimi al chori. Ilógico.

¿En peligro de extinción?

En la Ciudad de Buenos Aires, el bidet podría estar en peligro de extinción. De acuerdo con el nuevo código de edificación aprobado por la Legislatura porteña, dejó de ser obligatorio en las nuevas construcciones. Entonces, en pos de reducir los espacios y costos, es posible que comience a eliminarse de los futuros baños.

¿El fin de una era? ¿Las nuevas generaciones se acostumbrarán a vivir sin bidet? Muy pronto lo sabremos.

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