Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Playa, mate y… ¿bolas de fraile?

Competencia directa de los churros, las bolas de fraile siempre quedan relegadas en el ritual del mate playero. Este verano, démosles una oportunidad.

Si decimos playa y mate, el tercer integrante del equipo aparece sin pensarlo: los churros. Soñamos con ellos, los planeamos, los deseamos. Esperamos la hora justa, el momento perfecto, y nos llena de emoción saber que ya vienen, que ya falta poco. Quién no ha esperado ansioso al churrero, que pasa a cada rato, menos cuando de verdad queremos churros. Quién no ha hecho gestos desesperados con los brazos para llamar su atención, a los gritos y chiflidos. ¿Quién no ha perseguido a un churrero por la playa al menos una vez en su vida? 

Los churreros, sin embargo, traen consigo otro tesoro, tal vez menos requerido, pero no menos importante: las bolas de fraile. Algo discriminadas en el ritual de mate playero, las bolas de fraile mantienen su vigencia a lo largo de los años, pero siempre en un segundo lugar. Es como si el churro fuera la opción lógica, y cada tanto necesitáramos hacer algo loco, diferente. Entonces es cuando pedimos bolas de fraile.

Al que viene con ese cambio de planes, primero lo miramos raro: "¿Bolas de fraile? Te las vas a comer todas vos, eh". Pero, cuando tenemos en nuestras manos la bolsa manchada de aceite, jamás nos arrepentimos. La masa esponjosa (que se contrapone con lo crocante del churro) nos acaricia la boca hasta que llegamos al corazón y explotamos de amor: nada más lindo que encontrar dulce de leche al final del camino. Magia pura.

Las relegadas, entonces, se reivindican. De pronto, todos quieren una bola. De pronto, nadie se acuerda de los churros. Démosles una oportunidad este verano: democraticemos la factura playera. Que tenemos todo el año para hacer las cosas bien y bien merecida nos tenemos esa bola de fraile.

 

De yapa: ¿por qué se les dice bolas de fraile?

Esta es una historia que ya te contamos en Ser Argentino, pero viene bien refrescarla. ¿Alguna vez pensaste por qué las bolas de fraile se llaman así? ¿Y los vigilantes, los sacrementos, las bombas? Resulta que nuestras facturas fueron bautizadas para protestar. Así es: las facturas argentinas son anarquistas.

En 1887, en Buenos Aires, el italiano Ettore Mattei creó la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos. Al año siguiente, los panaderos que formaban parte del sindicato realizaron una huelga que duró más de 15 días. En ese momento, se les ocurrió una forma muy original de hacer sus reclamos: bautizaron a sus creaciones con nombres que –en realidad– representan una protesta a las instituciones contra las que ellos luchaban.

¿Te suenan?:

Y, como si fuera poco, el nombre que engloba a todas las de su tipo también es una forma que encontraron los panaderos de hacer ver su trabajo. Se llaman facturas porque, al nombrarlas de esta manera, los miembros del sindicato llamaban la atención sobre el valor de su trabajo.

Así que ya lo sabés: esa bola de fraile que te vas a comer, está llena de historia.

Rating: 3.50/5.