Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Para los argentinos la culpa siempre es del otro

¿Por qué nos cuesta tanto ver la viga en el ojo propio? ¿Por qué los argentinos estamos tan poco predispuestos a aceptar la diferencia?

El otro día, con motivo del debate sobre la gratuidad o no de la salud en Argentina, escribí una nota en la que usé el ejemplo del llenado de las botellas de agua. Si quieren leerla, pueden hacerlo acá, si se lo quieren ahorrar, el tema es sencillo: mi compañera no llena las botellas de agua ni las pone en la heladera. No lo hace. Punto. (En el artículo que les acabo de linkear me explayé un poco más, si quieren profundizar allá está la papa.) Pero este tema, a priori un poco superficial, me hizo pensar en algo más general y, por ende, más profundo. ¿Por qué para los argentinos la culpa siempre es del otro?

Reflexionemos juntos. Si ella no llena las botellas yo tengo dos opciones: o las lleno yo o no las llena nadie. Lo que definitivamente no puedo hacer es obligarla a llenarlas, no solo porque no tengo la potestad de hacerlo (no puedo obligar a nadie a hacer ni a dejar de hacer nada) sino porque, aunque tuviera la potestad, concretamente no podría. ¿Cuál sería la forma? ¿Violencia verbal? ¿Amenazas? ¿Violencia física? Imposible. No se puede obligar al otro a cambiar si él no quiere. Entonces, cuando algo no me gusta, ¿qué tengo que hacer?

Lo primero que recomiendo, por una cuestión de salud mental, es tratar de que la cantidad de cosas que no nos gustan sea lo más limitada posible. Son pocos los aspectos importantes de la vida como para andar renegando por estupideces. Pero supongamos que el agua fría es una prioridad en nuestra vida y realmente es determinante para nuestra felicidad. Ok. Lo tomo. Entonces, frente a eso, ¿qué hacer? Creo que la respuesta es simple: llenemos la fákin botella. ¿Por qué tengo la sensación de que la reacción inmediata de la mayoría de los argentinos sería “si ella no la llena, yo tampoco la voy a llenar”? ¿No les parece que eso es condenarse a una vida peor? Peor en dos aspectos: por un lado, el concreto, no hay agua fría para nadie. Segundo, el conceptual: cada vez que tengamos sed y no podamos saciarla, vamos a recordar que nos mantenemos sedientos por una guerra santa medio estúpida. Y eso nos va a dar (o al menos a mí me daría) primero bronca contra mi compañera, pero después, y mucho más importante, bronca contra mí mismo por alejarme de la persona que quiero ser.

Compatriotas, dejemos de pensar que la culpa es del otro y que todo lo malo que nos pasa es responsabilidad del otro y que no tenemos que cambiar nada porque hacemos todo bien y el que hace las cosas mal es el otro. Así no vamos a avanzar nunca. Ni como nación ni como individuos.

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