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Nuestros tacheros

Taxistas hay en todas las ciudades del mundo, pero en Buenos Aires el tachero es mucho más que un simple chofer.

Taxistas hay en todas las ciudades del mundo, pero en Buenos Aires el tachero es mucho más que un simple chofer. Los años, la calle y las historias los fueron moldeando, y le dieron a cada uno su personalidad singular. A riesgo de caer en generalizaciones, vamos a intentar hacer un inventario de los tipos de tacheros porteños.

El tachero meteorólogo. Nada de charlas básicas sobre el frío, el calor o la humedad: él sabe a qué hora exacta se va a largar a llover y te dice el pronóstico completo para todos los fines de semana del verano.

El tachero iluminado. Es el que sabe todo de todo: por qué hace tanto calor, cuál será la próxima medida económica del gobierno, cuáles serán los refuerzos de Boca para el próximo campeonato. Te tira la posta, aunque no se la pidas.

El tachero monotemático futbolero. Él te habla de fútbol. Solo de fútbol. No le interesa de qué cuadro sos, si te gusta el deporte o si te acaba de dejar tu mujer. Él te va a hablar de fútbol.

El tachero estresado. El tráfico es terrible, lo sabemos. Pero él se exaspera a niveles altísimos, insulta a cualquiera que se cruce en su camino y no ahorra en puteadas.

El tachero facho. No importa cómo haya comenzado la conversación, inevitablemente el rumbo cambia y todo deriva en “estos negros de mierda”, “la juventud está perdida” o “tiene que volver el servicio militar obligatorio”.

El tachero inseguro. Si te gusta subirte a un taxi y que te lleven, él no va a ser la opción. Te consulta caminos, no conoce las calles y cada tanto se pierde. Dale una manito y abrí ese Google Maps.

El tachero mudo. De él solo vas a recibir un “hola” al principio del viaje y un “gracias” al final. No le interesa conversar con vos y no se esfuerza.

El tachero romántico. Tiene el dial de la radio clavado en la emisora de lentos, el auto lleno de peluches y le dice “mi amor” a todo el mundo, hombres y mujeres.

El tachero pistero. Ponete el cinturón y agarrate, porque no te espera un viaje fácil. Él no respeta semáforos, límites de velocidad ni estómagos sensibles. “Señor, ¿puede ir un poco más despacio?” es la frase que más escucha.

El tachero psicólogo. Tiene un don especial para que los pasajeros le cuenten sus problemas. Cuando nos toca este tipo de conductor, nos bajamos del taxi sintiéndonos un poco más livianos. Y, a veces, hasta llorando.

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