Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Nada es lo que parece

Nada es lo que parece. Porque puede que nos quejemos mucho, pero –en el fondo– sabemos que no existe otro país como el nuestro.

El argentino es un ser complejo, de eso no hay dudas. Nada es lo que parece. Somos personas de emociones extremas, sentimientos exagerados y quejas a flor de piel. Sin embargo, a pesar del aparente pesimismo con el que enfrentamos nuestros días, estamos entre los diez países más felices del mundo.

La consultora Gallup Internacional publicó su 41 Encuesta Anual Global. A través de la cual analizó el humor de casi 55 mil personas de 55 países en los últimos tres meses de 2017. ¿La conclusión? Quienes viven en las Islas Fiji son las personas más felices del mundo. Seguidos por los colombianos y los filipinos. Argentina está en el décimo puesto, junto con India y Holanda.

Todo indica, entonces, que nada es lo que parece. Las caras largas de los colectivos, los bocinazos irracionales de los conductores y el “acá andamos, tirando” no reflejarían el sentir de la mayoría de la población. O al menos no a todas horas. Malos humores momentáneos se alternan con estados de alegría más prolongados. Ligados, aparentemente, a la capacidad innata de los argentinos de disfrutar las pequeñas cosas de la vida y las grandes personas. Esa capacidad de valorar lo cotidiano hace que podamos sobreponernos a un montón de situaciones difíciles que se nos escapan de nuestro control. Puede pasarnos de todo, pero siempre habrá con quién compartir la risa y el llanto. 

Porque puede que nos quejemos mucho, pero –en el fondo– sabemos que no existe otro país como el nuestro. Al menos, no tan divertido. 

¿Quién te quita lo reído?

No por nada, los argentinos tienen referentes del humor. Somos una de las culturas de las producciones de comedia que más sigue los pasos de las grandes potencias de cómicos históricos, como EEUU y Gran Bretaña. En plataformas tan conocidas como Netflix podemos encontrar varios stand up y especiales de comedia de un montón de argentinos que llegaron para quedarse en la industria del humor. Muchos de ellos (por no decir todos) viven de eso: hacen shows de humor en grandes teatros porteños como el Gran Rex y otros en Av. Corrientes de Buenos Aires, hacen giras por todo el país y compiten cabeza a cabeza en las boelterías con obras de ficción cuyos protagonistas son grandes figuras del teatro.

Y creo que eso habla de nosotros: a pesar de las crisis, los vaivenes economómicos y sociales y la hostilidad del contexto, siempre buscamos la manera de salir adelante aferrándonos a la risa. El humor es nuestro gran aliado para atravesar cualquier situación. Somos capaces de pagar una entrada para que otra persona que supo hacer de su carisma un negocio nos alegre la noche. Y vale cada peso. Porque en el momento en el que estamos ríendo sin pudor, nuestra energía se renueva. 

A veces, ni hace falta que vayamos al teatro porque con ir a un asado con amigos nos podemos reír sin parar. Las carcajadas son tantas que su efecto puede mantenernos contentos por varios días. No necesitamos mucho estímulo, ni siquiera estar alcoholizados. Con algún chiste interno, blooper de algun participante del grupo (que se cae de la silla, que tira el vaso) o alguna anécdota de fracasos cotidianos, ya estamos hechos. Compartir las alegrías (y, por qué no, las desgracias también) hace que todo tenga otro color, un color más luminoso. En una misma reunión podemos pasar pelearnos por algún partido de fútbol, a abrazarnos por alguna buena noticia, a llorar de emoción por algo y de nuevo a reirnos a carcajadas. Y esa inestabilidad constante también es un factor común entre nosotros, como una manera de manejar lo que sea que nos presente la vida. 

Es así, los argentinos sobrevivimos a cualquier cosa con un buen chiste. 

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