Skip to main content

Nivel de paciencia: cero.

La bocina es un arma con la que cuentan todos los argentinos que poseen un vehículo.
Así somos
como somos los argentinos transito
| 26 marzo, 2019 |

“Tu bocina no me helicopteriza”: leí esa frase en la luneta de un auto una tarde en la que me atrapó un embotellamiento. A juzgar por el abuso al utilizar ese recurso, podría decirse que en Argentina muchas personas están convencidas de que sí lo hace.

Porque, como si no alcanzara con el tráfico en sí, hay quienes gustan sumarle su cuota sonora al atasco y nos atrapan en una pesadilla de autos que nos rodean y bocinazos incesantes. Ningún musicalizador podría elegir mejor la atmósfera perfecta para esa película de terror.

Un semáforo que va pasando del rojo al amarillo ya viene con bocinazos destinados al que está primero en la fila, inmediatos, sin contemplar el tiempo mínimo que cualquier ser humano puede tardar en llevar la mano a la palanca y poner primera. Una mala maniobra –por falta de pericia para el manejo o por distracción eventual– recibe el bocinazo con rabia, como si el que lo propulsa estuviera esperando el momento para descargar toda su ira por ese medio.

Para llamar la atención del que dejó el auto mal estacionado, para avisar que ya estamos en la puerta, para acompañar un acoso callejero, para saludar a un amigo que va caminando, para levantar la barrera del peaje: la bocina es un arma con la que cuentan todos los argentinos que poseen un vehículo. Tengan cuidado: no nos tiembla la mano al momento de usarla.

Sin votos aún
Por favor espere.....

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

También te puede interesar

X