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¿Me trajiste el tupper?

¿Qué les pasa a nuestras madres que siempre nos reclaman el tupper? Una manía inexplicable que es compartida por muchas. ¿Tu mamá también lo hace?
Así somos
recipientes de plástico para comidas
26 enero, 2020

Esto que voy a contar es algo que no me pasa solamente a mí. Lo charlé con mucha gente y a todos les sucede mismo. Y lo peor de todo: nadie entiende por qué. Cuando nos independizamos de nuestros padres y nos vamos a vivir solos o en pareja, a las mamás les cuesta dejar de malcriarnos. Entonces, como un gran acto de amor y de cuidado hacia quien alguna vez fue su nene o su nena, cuando vamos a comer nos arman un tupper con lo que sobró o con lo que sea que tengan en la heladera.

Hasta ahí, todo hermoso. Tener la comida preparada es una satisfacción difícil de explicar. Pero luego sucede algo que opaca ese gran momento. La sonrisa de mamá se disipa, su cara se pone firme, te clava la mirada y te dice: “El tupper me lo traés de nuevo, eh”.

La primera vez que pasó no le di importancia. “Sí, claro, ma. Te lo traigo la próxima”, le dije. Pero la próxima me olvidé, y lo primero que me preguntó cuando llegué a su casa fue “¿me trajiste el tupper?”. Mi negativa no le gustó, y a partir de ahí todo empeoró. Finalmente le traje ese, pero ya había sentado precedente: en la mente de mi madre, yo no devolvía sus preciados recipientes plásticos. Entonces, cada comida regalada venía con una advertencia seria: “No te olvides, eh”.

¿Por qué esa obsesión?

Pensarán ustedes que mi pobre madre tiene pocos tuppers y por eso los cuida tanto. No, para nada: tiene un sector del bajomesada repleto. Sobre todo, porque jamás los tira: compra nuevos y sigue acumulando. ¿Me da los mejores de su colección, entonces? No necesariamente: me he llevado tuppers de 1985 y el reclamo fue el mismo.

Hay algo que hace que mi mamá –y todas las mamás, de acuerdo a lo que pude conversar con otra gente­– sienta una necesidad incontenible de tener todos sus tuppers bajo su techo. Si no están, lleva la cuenta, lo anota, lo recuerda y los reclama. Me ha llamado por teléfono para preguntarme si yo tenía tal tupper suyo (porque tiene más de un hijo y, al parecer, todos somos unos ladrones despiadados).

Nunca lo voy a entender. No sé si es generacional o simplemente es una afición que se desarrolla con los años. Lo cierto es que las mamás tienen una obsesión inexplicable con los tuppers que hace que, cada vez que nos llevamos comida, nos llevamos un problema. Yo, por mi parte, ya tengo mi estrategia: cada vez que voy a visitar a mi mamá, entro revoleando los tuppers adeudados para que sus primeras palabras sean “hola, ¿cómo estás?” y no “¿me trajiste el tupper?”.

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