Ser Argentino. Todo sobre Argentina

¿Mate o café?

Discutir significa que no todo da lo mismo

Los argentinos estamos llenos de disquisiciones y nos encanta entablar discusiones bizantinas sobre estupideces nimias. Algunos toman esa actitud como el origen de todo mal y a mí me parece más bien, todo lo contrario. Creo que es sano discutir apasionadamente por lo que uno opina. Tengan en cuenta que vengo de la filosofía; si no me tomara en serio las discusiones, me tendría que suicidar. Por otro lado, creo que hay que reivindicar un poco el término “discusión”, porque muchos lo emparentan como un sinónimo transparente de “pelea” y creo que están equivocados. Discutir significa que no todo da lo mismo. Y que no todo dé lo mismo es fundamental para una vida plena y disfrutable, porque la homogeneización de pensamiento está muy cerca de la apatía, y esa sí que me parece una mala palabra.

En fin, terminada esta introducción un poco marianogrondonesca (aunque me censuré varias veces de apelar a la etimología, lo mal que hice), planteo los términos de la discusión: ¿mate o café? Mi posición es clarísima: CAFÉ. El mate, seamos sinceros, es feo. Lo tomamos porque nos acostumbramos, porque nos hace compañía, porque nos gusta desafiar a la bromatología con tal de compartir las cosas. Pero el café es un elixir de los dioses, no tiene punto de comparación. Hay de todo tipo e intensidad, de todo tamaño y para todo momento. Desde la bazofia inmunda que ofrece Starbucks hasta el ristretto romano que da la sensación de estar tragando plutonio. De todos modos, me quedé pensando en algo: creo que elegimos el mate por su cuestión gregaria. Porque de una misma bombilla chupamos todos, como diciendo “Si tenés tuberculosis no me importa, todo sea por el sentimiento de grupo: si te vas a morir, me muero con vos”. Y el café, en cambio, se disfruta en soledad, en una cantidad más bien mínima, rápida, casi de un saque como si fuera tequila. Creo que esta columna me hizo pensar un poco en cómo soy, más que mi psicóloga (a quien le estoy tremendamente agradecido, aunque ustedes piensen que mucho no se nota su trabajo, yo creo que sí). Me gusta estar solo. Trabajo de leer y escribir, actividades que requieren soledad y silencio. Si alguien hiciera ruido con la bombilla al lado mío, no me quedaría otra que pedirle que, por favor, se vaya a tomar mate a otro lado.

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