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Buenos Aires - - Miércoles 01 De Diciembre

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Maradona unió al pueblo cuando nadie más pudo

Tristeza, fiesta, polémica, disturbios y hermandad. Crónica de las ocho horas que tuvo la Argentina para darle su último adiós a Diego Armando Maradona.

Así somos
Diego Maradona pueblo argentino

¿Dónde estabas y qué hacías en el momento en que te enteraste que se había muerto Maradona? Esa es la anécdota que vamos a contar durante los próximos años, tal vez hasta la eternidad. Yo estaba encerrada en mi habitación y me empezaron a llegar mensajes a un grupo de WhatsApp. No lo pude creer, había zafado de tantas que pareció un mal chiste. Pero esta vez las alarmas se encendieron de verdad y el astro se despidió para siempre. Por supuesto, sabíamos que lo que llegaría después de esa noticia no iba a ser fácil. Fue el primer día en mucho tiempo que la pandemia dejó de existir, figurativamente, y que las agujas del reloj se frenaron.

El mediodía del miércoles 25 de noviembre de 2020 va a quedar marcado a fuego en la historia argentina. No quise perderme nada, así que prendí el televisor y abrí Twitter para esperar a las lágrimas que empezaron a llover. Las palabras se veían por todos lados, pero el silencio del asombro nos invadía. Inclusive a quienes no lo idolatramos, el amor irrefrenable hacia El Diego nos erizó la piel. Aplausos, gritos y de repente un “viva el pueblo, viva” que se mezcló entre los diversos homenajes de hinchas y amantes autoconvocados. Reunidos en diversos puntos, se consolaron entre ellos y se secaron mutuamente las lágrimas. Aquella mitad de semana fueron todos hermanos.

8 horas de argentinidad al palo

El velorio de Maradona fue todo lo argentino que se podía llegar a ser en una sola jornada. Incluyó represión policial, quilombo, música, cantos de cancha, política, polémica y multitud. El Gobierno Nacional habilitó la Casa Rosada para que la gente pudiera despedirse del astro, una decisión que despertó la bronca de muchos. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta de que a la calle se iba a salir de todas formas. Todo lo que hicieron fue intentar que se diera de la manera más organizada y responsable posible. No obstante, de a ratos se tornó incontrolable.

Por suerte existe el fotoperiodismo para retratar una fecha de este calibre. Dos hinchas de Boca consolando a uno de River que se desarmó en llanto. Personas de todas las edades y clases sociales haciendo fila en silencio con el objetivo de tener su último instante de él. Es que nadie estaba preparado para que se fuera de la tierra, lo creímos inmortal. “No puedo hablar, estoy destrozado”, dijo un hombre al que un canal quiso entrevistar. “Todos los sueños se pueden cumplir, El Diego salió de una villa”, sostuvo otro con emoción. “Hoy no fui al trabajo para lograr venir. Es un día triste para todos los argentinos”, testimonió un ciudadano que llegaba al lugar.

De todas las imágenes que marcaron este día, hubo una en particular que voy a recordar para siempre. La gente subida a las rejas de Plaza de Mayo aguardando que el féretro iniciara su camino hacia el cementerio. Aunque lo más llamativo fue cuando los bomberos comenzaron a tirar agua con las mangueras para controlar la situación. Lejos de achicarse, los hinchas agitaron los brazos, siguieron cantando y enloquecieron con felicidad. Así, la Casa Rosada se transformó en un estadio de fútbol.

El cuerpo se va, el espíritu queda

Maradona es el significado de lo popular. Quien no pueda comprender el contexto del cual provino difícilmente no se enoje con lo que generó su muerte. Estuvimos meses encerrados por una crisis sanitaria que pareció desaparecer en un día. Los chicos sin clases y habilitan un salón para que se lo vele de forma multitudinaria. Nos pidieron distanciamiento y barbijo durante todo el año, y la marea de gente se tornó homogénea en su despedida. Sí, enoja si se analiza desde esas aristas. Sin embargo, no existía otra forma de decirle adiós. Inclusive, pareció una jornada corta para los años de felicidad que le trajo a una sociedad diezmada por la guerra y la angustia.

Maradona fue un pibe de la villa, cuyo sueño se gestó en un potrero. Les enseñó a las clases sociales bajas y marginadas que podían aspirar a algo más en la vida. Luchó contra el poder y no le dio la mano a Videla. Le regaló al país una victoria contra Inglaterra cuando nuestros soldados habían muerto en Malvinas. Fue disruptivo, erróneo, imperfecto y humano. Nunca abandonó su amor por nuestra nación y murió dentro de su suelo. El día de su partida no me convirtió en una fanática empedernida, ni su defensora a ciegas. En cambio, me hizo acordar, después del peor año del que tengo recuerdo, lo que es ser argentina.

Fecha de Publicación: 25/11/2021

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