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Mama Antula. Madre Espiritual de la Patria

La primera santa nacida en Argentina, Mama Antula, a través de acciones y palabras. Recientemente canonizada por el Papa Francisco para que nos “ayude a crecer en la caridad”

“A mis ejercicios vienen la virreina y la señora de abolengo, tanto como la esclava, la parda, la india y todos juntos estamos diez días, mientras cada uno le sirve al otro. No importan el color ni la clase social” señalaba la beata María Antonia de Paz y Figueroa, Santa Mama Antula, como la conocían sus paisanos de Santiago del Estero. Una mujer luchadora en los tiempos de la Colonia, presente en la fe de los argentinos desde ese entonces, y que esgrimía un latiguillo, “la paciencia es buena, pero mejor es la perseverancia”, cuando cerraban las puertas, o directamente la apedreaban, en su infatigable misión peregrina y de acción social.  Desde 1905 Argentina pide la canonización, con varios milagros en su cuenta además de los dos aceptados por el Vaticano en 2016, y recién este año el país sumó el quinto santo, la primera mujer de nuestros cerros, montes, selvas, desiertos y pampas.

Nacida el 11 de febrero de 1730 en Santiago del Estero de una familia acomodada, María Antonia eligió a los quince años la opción de beata –laicas consagradas- para asistir en las tareas de evangelización de los jesuitas. La alternativa inverosímil ya que rompía con el mandato tradicional de casarse, o en su defecto, escoger el convento. De espíritu libre e instruído, otra diferencia radical con las mujeres contemporáneas, una vez expulsada La Compañía de Jesús de América en 1767, quien ya la conocían como Mama Antula por sus trabajos beneficiando a las mujeres, los esclavos, los pobres y desposeídos, prosiguió con la misión evangelizadora. Y recorrió casi 5000 kilómetros erigiendo casas de oración y, más importante, organizaciones sociales que fermentarían el sentimiento de comunidad criolla, en los prolegómenos de la Revolución de Mayo.

San Cayetano, un fervor nacional obra de Mama Antula

En estas reuniones religiosas, algunas clandestinas porque “olían a jesuita”, además, se estimulaba la educación de las niñas y se les impulsaba en el aprendizaje de oficios, como además se incorporaba a los pueblos originarios en igualdad de condiciones con los criollos.  Responsable de traer a Argentina la imagen del patrono argentino del Pan y el Trabajo, San Cayetano, Mama Antula fallecería el 7 de marzo de 1799 en Buenos Aires, y sus restos están –en alguna parte- de la Basílica de la Merced, en el barrio porteño de San Nicolás. La iglesia donde se tuvo que refugiar cuando llegó a Buenos Aires en 1779, en los días que la tildaban de “bruja, loca, borracha, fanática” porque era la voz de los humildes y los despojados. A la hoy, Madre Espiritual de la Patria.

 “Miedo, prejuicio y falsa religiosidad, he aquí tres causas de una gran injusticia, tres “lepras del alma” que hacen sufrir a una persona débil descartándola como un desecho. Hermanos, hermanas, no pensemos que son sólo cosas del pasado. ¡Cuántas personas que sufren encontramos en las aceras de nuestras ciudades! ¡Y cuántos miedos, prejuicios e incoherencias, aún entre los que creen y se profesan cristianos, contribuyen a herirlas aún más! También en nuestro tiempo hay tanta marginación, hay barreras que derribar, “lepras” que sanar”, dijo en la canonización el Papa Francisco, el pasado 11 de febrero en Roma. Contra las injusticias luchó Mama Antula, santa María Antonia de Paz y Figueroa, la primera argentina, frente a las miserias materiales y morales de su tiempo. Papa que sin miedo interpeló a los poderosos de nuestro tiempo.  

Carta de Mama Antula al Padre Juárez. Buenos Aires, 7 de agosto de 1780

Entre los méritos de la santiagueña Mama Antula cabría agregar figurar como la primera escritora del Río de la Plata, en parte por su enorme e influyente epistolario a nivel mundial; y que se hermana con la iniciática Isabel de Guevara y la célebre carta a los reyes españoles de 1556.  La santa argentina en 1780 vivía en  Buenos Aires y contaba al también santiagueño Padre Gáspar Juárez, jesuita expulsado ya en Europa, las novedades de más de 80 oratorios en casas, entre Córdoba y Tucumán, autorizadas por el Obispo del Tucumán, Juan Moscoso. Además Mama Antula empezaba su tarea de ejercicios espirituales en la capital del Virreinato del Río de la Plata, en el camino que llevaría a congregar a miles de personas en la fe, en casas y retiro