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Los primeros críticos de la Vendimia somos nosotros

En Mendoza, mucha gente piensa que la Fiesta Nacional de la Vendimia “es siempre lo mismo”. Sin embargo, para nosotros, es nuestra marca desde 1936.

La Fiesta Nacional de la Vendimia se compone de una serie de espectáculos que se llevan a cabo durante toda una semana. Sin embargo, lo más importante ocurre el día sábado, generalmente, el primer sábado de marzo. Ese es el día en que se realiza el acto central. Que es, en esencia, la verdadera Fiesta de la Vendimia. Este se compone de un conjunto de cuadros artísticos, conformando una especie de súper obra teatral y musical. Mientras que, al final, se hace la elección de la reina. Nosotros, los mendocinos, nos sentimos identificados.

Una tradición con historia

No obstante, todo lo que se repite cansa. Como en la vida misma. La primera Fiesta de la Vendimia tuvo lugar en el año 1936 y, si bien tuvo una recorrida por la avenida San Martín, inmediatamente se realizó un acto central en una bodega y la elección de la reina. Es decir que, desde sus inicios, la Fiesta es, más o menos la misma. Pero no solo en cuanto al orden y a las presentaciones artísticas que componen la noche del acto central, sino que el acto central en sí mismo, ese conjunto de cuadros artísticos, es similar año tras año.

El acto se compone, generalmente, de 12 o 14 cuadros de unos 5 o 6 minutos de duración cada uno. Todos van desarrollando una historia, respetando un hilo argumental. Por eso, el acto cuenta con un director y un guionista. Además, siempre, hay una voz en off que va narrando. Los cuadros más repetidos y que, parece, no pueden faltar son la llegada de los inmigrantes, el homenaje a la Virgen de la Carrodilla, expresiones urbanas que van desde el tango hasta ritmos más contemporáneos, la figura de San Martín, las tormentas y el granizo que afectan a la cosecha, etc.

Entonces, horas más tarde, o al otro día, el comentario de quienes asistieron al teatro griego Frank Romero Day, o de quienes vieron la fiesta por televisión, es del estilo de “siempre es lo mismo”, “no se les ocurre nada nuevo”, “el año que viene no vengo ni loco”, etc. Porque nosotros somos así, nos creemos críticos de un espectáculo de más de un año de preparación, con miles de artistas sobre un escenario de 4 mil metros cuadrados.

Cuando ser repetitivo es necesario

Más allá de todo lo expuesto, ser repetitivo en la Vendimia es necesario. Es que los aspectos que se reproducen una y otra vez, año tras año, son los que marcan nuestra cultura, nuestra tradición. Nosotros nos sentimos totalmente identificados con San Martín y su vivencia en Mendoza, con la Virgen de la Carrodilla y su cuidado sobre los viñedos, y con los inmigrantes, quienes sentaron las raíces de millones de familias argentinas.

Por otro lado, si bien estos temas están siempre presentes, cada director decide representarlo a su manera. Así, a lo largo de los años, San Martín ha aparecido desde los cerros o en el escenario, los inmigrantes han sido representados con títeres gigantes y la Virgen de la Carrodilla también ha tenido diversas participaciones.

Por eso, cuando escuchamos el reclamo de que la Vendimia “es siempre lo mismo”, debemos tomarlo solo como una opinión. Dentro de lo que nuestra tradición permite, la Vendimia se renueva año a año. La tecnología hace su aporte. Las puertas están abiertas para lo contemporáneo, lo moderno. Como, por ejemplo, este año, donde el reggaetón ganó un espacio entre la tonada y la cueca.   

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