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Lluvia: ese extraño fenómeno

En Mendoza la lluvia es poco común. Un par de gotas bastan para encender las alarmas de la población. Hay que aprovechar el agua.
Así somos
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| 17 febrero, 2020 |

La provincia de Mendoza, como ya se ha explicado en ese sitio, es prácticamente un desierto. Cuenta con una pequeña parte de su superficie cultivada, el resto es sequía pura. Y este fenómeno se explica en gran parte por la falta y escasez de lluvias. Para tomar dimensión de qué significa que en Mendoza escasean las lluvias, sepamos que en total caen 213 mm anuales y el mes en el que más precipitaciones hay es enero, con 34 mm. Mientras que, en Buenos Aires, caen 1040 mm y el mes más seco es julio, el cual supera al mes más húmedo de Mendoza, con 59 mm.

De esta información se desprenden dos conclusiones relevantes para el autor. Una es que debemos tomar conciencia, todos los habitantes de este mundo, de que el agua debe cuidarse. Muchos, por vivir en zonas de altas precipitaciones, pensarán que la lluvia es normal y frecuente en todos lados. Pero no es así. En Mendoza se esperan las lluvias para el riego de cultivos que, de no ser por el perfecto sistema de canales y acequias, estarían prácticamente perdidos. Además, la lluvia purifica el aire. Genera humedad y siembra un manto de refresco ante las altas temperaturas veraniegas.

La lluvia como fenómeno social

La otra gran conclusión que se desprende de los datos en negativo sobre las lluvias en Mendoza es que esto genera que las precipitaciones se transformen en noticia para cualquier mendocino. “¿Viste que va a llover?, comenta una señora en la cola del sistema de pago de servicios. Y el receptor de ese mensaje se preocupa y piensa: “Uh, justo lavé el auto”, o “Y yo que dejé abiertas las ventanas de la casa”.

Mientras que, en las avenidas y autopistas, la cosa se pone peor. Es un complejo suceso, nadie sabe bien por qué, pero en cuanto llueve el tránsito aminora su velocidad. Cancinamente avanzan los vehículos por las calles mojadas. Y esto se pone más difícil cuando algún distraído impacta al auto de adelante y ya, directamente, el tránsito se estanca.

Sin embargo, hay otra cuestión que se da entre la lluvia y los vehículos: los oportunistas de siempre, mejor referenciados como los “no me importan los demás” (por no utilizar palabras un tanto más agresivas). Son aquellos que, en cuanto ven que la lluvia se viene pesada, paran bajo algún puente o al resguardo de un árbol, aun cuando esto signifique detenerse en medio de la calle. Y otro que viene atrás lo copia. Entonces ya son dos, y tres, y cuatro, y el tránsito se estanca por un puñado de hijos de vecino que pretenden vivir solos en el universo.

El granizo

En invierno es prácticamente imposible que se dé. Pero, en verano, cada pronóstico de lluvias es acompañado por la “probabilidad de granizos”. Para quien no sepa, se trata de la famosa “piedra”. Agua en estado sólido y en forma de pequeñas, o medianas, bolas de hielo, que caen en carácter de proyectil. Entonces, en cuanto se sabe que va a llover, comienzan a lucirse las añejas frazadas a cuadros sobre los techos y el capot de los autos, por las dudas, para amortiguar los golpes del granizo.

Peor es el tema para los productores agrícolas. Ahí el granizo hace destrozos y puede llegar a arruinar una cosecha entera, esa en la que se ha trabajado durante los últimos meses y de la que dependía toda una familia.

En definitiva, la lluvia es poco frecuente aquí. Por eso mismo paraliza a la sociedad cada vez que cae. Y perjudica a unos cuantos si cae en cantidad y con granizo. En tu paso por Mendoza, y según las estadísticas, es poco probable que llueva. No obstante, el paraguas no estará de más.

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