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Las familias se desarman, las tradiciones se mantienen

Los jóvenes, generalmente, buscan nuevos aires y emigran. Pero siempre vuelven para mantener las tradiciones en sus familias.

“Todo tiempo pasado fue mejor”, dice algún viejo cascarrabias peleado con la realidad. Y dentro de esas memorias está el recurrente recuerdo de las cenas y los almuerzos familiares. Costumbres y tradiciones que se han perdido y hoy se añoran. Sin embargo, en la mayoría de las familias, algunas prácticas están más vigentes que nunca.

Los jóvenes emigran de sus hogares tentados por la experiencia de vivir solos, porque un amigo les contó que está bueno no tener que cumplir responsabilidades ni órdenes de los padres. Tentados, también, quizás, por la independencia económica que les permite el trabajo que han conseguido. Por múltiples razones, una gran parte de los adolescentes o adultos alevines abandonan rápidamente el seno familiar.

Esto hace que se pierdan muchas costumbres que, a diario, se llevaban a cabo en las familias. Sin embargo, otras tantas se mantienen como sellos indelebles. Siempre habrá un plato más de comida o una taza más de café para aquel hijo que les alegra la vida a sus padres, yendo, al menos, una vez al mes (o a la semana) a almorzar o a desayunar en su hogar. Y, claro, la tradición de respetar el lugar en la mesa se mantiene. La madre recuerda que a su hijo le gustan 3 cucharadas de café por 2 de azúcar. El padre sabe que el asado deberá estar a punto.

No todo es comida

Pero las tradiciones familiares no son solo respecto a las comidas. El padre, con síntomas del síndrome del nido vacío, podrá llamar a su hijo y lo invitará a pasear por la plaza del barrio. Quizás ya no a que él se suba a la calesita y dé una vuelta por el espacio en el cohete que se ubica al lado del caballo y detrás del avión. Pero sí podrán pasar una tarde de mates, tirados en el paso, respetando la vieja costumbre de ir a la plaza.

Es que las tradiciones en las familias se forjan y, en algunos casos, quedan grabadas a fuego. Cuando el hijo o la hija pasen a buscar a alguno de sus padres, sabrán qué estación de radio querrán escuchar y qué camino preferirán para llegar a destino. Y, si toda la familia se reencuentra para ir al cine, seguramente los padres recordarán que a su hija no le gustan las escenas de terror y, como cuando era niña, la madre le tapará los ojos en los momentos de mayor suspenso, no porque le dé miedo, sino para recordar que “todo tiempo pasado fue mejor”.

 

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