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La tradición de romper los huevos está por terminar

En Misiones, se presentó un proyecto para frenar la pérdida de huevos, harina y yerba en los festejos de egresados. ¿Chau a una tradición?

No se sabe exactamente de dónde proviene la tradición de celebrar los egresos estudiantiles lanzando huevos, yerba y diversos alimentos. Probablemente, un día apareció y, desde ese entonces, no dejó de repetirse. Lo cierto es que recientemente ha comenzado a verse como un gran problema social, cultural y alimenticio.

En Misiones, la Cámara de Representantes propuso un proyecto que busca terminar con esta tradición de derroche. Una vez aprobada como ley, los festejos de egresados de nivel superior no se podrán realizar con alimentos. ¿Chau a la vieja costumbre?

No obstante, la iniciativa no tiene la intención de “prohibir” el festejo, sino tan solo la forma en que se viene haciendo. Se busca dar un giro al tradicional ritual en el que se suelen arrojar alimentos en estado de descomposición. Ya que, pese a que pueda parecer divertida esta costumbre, tiene dos evidentes consecuencias negativas. Por un lado, produce una gran cantidad de alimentos derrochados. Por otro, representa una pérdida importante de agua potable utilizada para limpiar el espacio público.

El diputado misionero Ariel Pianesi, impulsor del proyecto, explicó acerca de sus objetivos principales. “Con esta iniciativa buscamos concientizar a los estudiantes sobre la forma de festejar los egresos. La actual celebración solo nos lleva a desperdiciar comida que resulta de muchísima utilidad para los que menos tienen”, remarcó.

¿Y si, en vez de tirar comida, lanzamos cotillón?

El coordinador del proyecto AlimenDar en Posadas, Gionas Borboy, celebró la propuesta. “El problema de la pérdida y el desperdicio de alimentos es un problema que nos incumbe a todos. No hay acciones pequeñas en esta lucha”, señaló.

Con respecto a las cifras, Borboy calculó que, por alumno recibido, se arrojan aproximadamente cuatro kilos de comida (entre huevos, harina, etc.). Este, indicó, podría ser el alimento de quienes más lo necesitan.

El tradicional festejo con comida puede ser difícil de erradicar. Sin embargo, es fácilmente reemplazable por otro tipo de acciones que no perjudiquen al medio ambiente ni a personas carenciadas. Una posibilidad es donar los alimentos a comedores populares. De lo que se trata es de transformar un patrón cultural del derroche. El objetivo es aportar a la mejora de la calidad de vida de la comunidad. “Para ello, ya existen kits de cotillón que pueden reemplazar perfectamente a la comida”, propuso Bordoy.

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