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La primera pueblada de Cutral Có y Plaza Huincul

Las “puebladas” cutralquenses son una insignia de este conglomerado urbano. En esta primera parte, te contextualizamos en la Argentina previa a las puebladas de Cutral Có y Plaza Huincul.

Las protestas reivindicativas de una heterogénea y numerosa fracción de la población de Cutral Có y Plaza Huincul fueron, a lo largo de la historia, una constante. Las famosas “puebladas” cutralquenses se convirtieron en una insignia del conglomerado urbano dentro de la provincia del Neuquén. Tal es así que, en distintos paredones de las localidades, aún se encuentra graffiteada la orgullosa insignia: “Cutral Có 2 - Gendarmería 0”. 

Las puebladas más recientes son las de la década del 90; en ellas, la sociedad entera se rebeló ante las agobiantes políticas menemistas. Este febrero, se cumplen 63 años de la primera vez que Cutral Có y Plaza Huíncul se unieron para reclamar condiciones laborales dignas y comenzaron a forjar una historia de lucha y protesta ante los gobiernos de cualquier índole. 

En esta primera parte, te contamos cómo era la Argentina previa a la primera pueblada y cuáles fueron los factores que desataron en Cutral y Plaza los primeros estallidos sociales a gran escala.

Contexto previo a la pueblada

Militarismo e industria petrolera estuvieron siempre entrelazados. La Primera Guerra Mundial sentó el precedente para que las incesantes y crecientes demandas de combustible y derivados del petróleo, se subsanen bajo la tutela de los militares. En todos los yacimientos petroleros y en todo pueblo del planeta que se avoque a esta industria, el poder militar controlaba la vida de los obreros y sus familias. 

En nuestro país, el obrero del petróleo era visto como un soldado civil. La empresa, además de conservar la propiedad de la vivienda, controlaba otros aspectos pertenecientes al mundo de lo privado: la alimentación, las relaciones familiares, el ocio y la misma vida sexual de los operarios. Esto le aseguraba una disciplina inflexible y una rigidez absoluta en el cumplimiento de deberes y obligaciones. En contrapartida, el trabajador recibía una serie de beneficios, entre los que contaban servicios de salud y educación, proveedurías con precios subsidiados y también instalaciones deportivas.

Peronismo, contradicciones gremiales y prueba piloto

La primera vez que los obreros del petróleo entraron en conflicto con los gobiernos provincial y nacional, fue en 1949. La fuerte vigilancia ejercida por la petrolera oficial, reflejada en prácticas de espionaje y la prohibición de la prensa obrera, no impidió el desembarco en la región de la Asociación de Trabajadores del Estado (luego llamado Sindicato de Obreros y Empleados de YPF). Sus demandas, en un principio, no estuvieron relacionadas con reivindicaciones salariales. El mejoramiento de las condiciones de trabajo, en cambio, estuvo en el centro de las demandas de los trabajadores. Las horas extras no remuneradas, la falta de ropa de trabajo, la ausencia de un régimen de licencias motorizaron los primeros reclamos gremiales que tuvieron a la huelga de 1949 como experiencia piloto. En esa oportunidad, cerca de dos mil obreros detuvieron la producción petrolera por dos semanas hasta que, previa intervención de Eva Perón, los trabajadores lograron una respuesta favorable a sus reivindicaciones.

Es sabida la fuerza que hizo el primer gobierno de Perón para alinear a los sindicatos con sus políticas nacionales. También es sabida la suerte que corrían aquellos gremios opositores. La realidad en Cutral Có y Plaza Huincul no difirió de la del resto del país. Nació en la región el Sindicato Único de Petroleros Estatales (SUPE), bastante afín al gobierno nacional y que convivió por un corto período, en una suerte de doble poder sindical, con el Sindicato de Obreros y Empleados de YPF. Fue tal la persecución que sufrieron estos últimos, que el gremio terminó por desintegrarse.

Retrocesos y clima caldeado

El cooperativismo, la charla de café, las bibliotecas y los clubes llenos, eran una constante en el conglomerado Cutral - Plaza (como se lo menciona localmente). YPF era la piedra angular de la sociabilidad, de niños y adultos. Sin embargo, además del famoso “patriotismo de empresa” que el obrero y sus familias podían suscitar, este contexto de unión vecinal también era un óptimo marco cultural a la hora de caldear los ánimos para la protesta social

Cuando la Revolución Libertadora presidida por Aramburu tomó el poder y proscribió al peronismo, la situación de los obreros y los sindicatos del petróleo (y de la Argentina en general) empeoraron notablemente: la desocupación y los precios comenzaron una escalada que no parecía tener fin. Además, la intensa movilización sindical fue parte de una “resistencia peronista” que abandonaba su carácter inorgánico y comenzaba a disputar poder. Diferentes sectores estaban dispuestos a boicotear el proceso eleccionario de 1958. La idea era presionar al gobierno de Aramburu justo en el momento en que intentaba mostrar la viabilidad de una Argentina sin Perón. Frente a esta oleada de protestas, las autoridades nacionales lanzaron un decreto que prohibía cualquier huelga en los 40 días anteriores a los comicios del 23 de febrero

El contexto estaba dado para que la olla a presión que en 1958 era nuestro país, explote. Cutral Có y Plaza Huincul, parecían ser el lugar indicado para que la mecha se encienda.

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