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La pelada de La Cañada

Te contamos la historia de la pelada, un personaje cordobés que, desde hace tiempo, no para de atemorizarnos. Sin embargo, es parte de nuestra cultura.

La historia de la pelada de La Cañada nos acompaña hace más de un siglo. Desde la inauguración del encauzado del río La Cañada, el pueblo cordobés recopila historias sobre esta mujer. Se trata de la aparición de un ser pelado, cuyos alaridos no dejaban en paz a los transeúntes. Existen varias anécdotas e incluso chistes sobre los diferentes episodios. Es que, claro, a nosotros nos das un siglo para generar contenido y no perdemos el tiempo.

La pelada de La Cañada aparecía en la madrugada. En diferentes trechos del río. Sin embargo, la zona de las apariciones era la que hoy se conoce como “las cinco esquinas”. O sea, en Belgrano esquina Montevideo, a una cuadra del Patio Olmos. Su forma era extraña. Se dejaba entrever a través una sombra negra, su cabeza rasurada. Los que tuvieron el placer de conocerla se tomaron el tiempo de inventar episodios. Dicen que sus travesuras eran muchas. A veces lloraba y gritaba hasta el cansancio. Otras veces, les robaba el rosario a las mujeres que salían de misa. A los hombres, sin embargo, les mostraba la entrepierna al dicho de “coman muchachos”.

 

Uno de los episodios más famosos es el del turco a caballo. Cuentan que, transitando por la ciudad, este hombre de Turquía vivió la aparición de esta mujer. Por dicha situación, no logró dejar de cabalgar, ni bajarse del caballo por mucho tiempo.

La teoría

Se dice que esta mujer, era una ex trabajadora sexual. Su lugar de trabajo era el antiguo paraje “El Abrojal”. En la zona que hoy se constituye como Güemes, barrio de las artesanías y los bares, se erigía en esos tiempos la zona roja. Allí vivían proxenetas, trabajadoras sexuales y mujeres prostituidas. Cuentan las malas lenguas que la pelada habría sido violada por varios hombres. Y que, luego de la violación, fue asesinada y tirada a la Cañada. Por eso su alma pide misericordia y no puede abandonar el lugar.

La pelada forma parte del imaginario popular cordobés. Y hoy es un ícono de la historia. Por eso, ya casi no le tememos y la llevamos en el corazón.

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