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La buena onda es contagiosa (y la mala también)

Subirse a un colectivo en Buenos Aires muchas veces es toda una aventura.

Subirse a un colectivo en Buenos Aires muchas veces es toda una aventura. Pero, si para los pasajeros no siempre es una experiencia agradable, imagínense lo que les queda a los responsables de manejar ese medio de transporte.

Los choferes de colectivo tienen fama de malhumorados, y es cierto que algunos representantes del gremio colaboran con esa caracterización a través de sus actitudes algo hostiles hacia los pasajeros y hacia los conductores de otros vehículos. Pero también es real que el entorno en el que tienen que sobrevivir no contribuye a los ánimos amables.

El colectivo –o bondi, como nos gusta llamarlo– tiene la particularidad de poseer grandes dimensiones, lo que complica la tarea de su conductor. Las maniobras no son fáciles, menos aún en una ciudad que vive permanentemente embotellada. Sentados en nuestros autos, pequeños, vemos cómo el colectivo dobla, frena, acelera y se cambia de carril con una destreza envidiable, pero peligrosa.

A esto sumémosle que debe respetar las paradas, colocar en la máquina el importe que los pasajeros solicitan, lidiar con gente que no está en su mejor día y no le dedica ni un saludo y, en las horas pico, manejar un colectivo lleno en un tráfico cruel.

Por eso, es importante entender que quien maneja el colectivo está brindando un servicio, bueno o malo, pero servicio al fin. Mañana, en vez de subir resoplando mala onda al bondi, regalémosle un “buenos días” y una sonrisa a nuestro colectivero de turno. Quién te dice, tal vez le cambiamos el día.

Palabra de bondi

El colectivo o bondi es el medio de transporte preferido de los habitantes de las ciudades de Argentina, sobre todo de las metrópolis como Buenos Aires, La Plata o Rosario. Cualquiera sea la zona, existen frases típicas en el mundo de este vehículo que si nunca las escuchaste, nunca te subiste. 

"Un pasito para atrás que hay lugar"

Esta oración es enunciada por el colectivero cuando los pasajeros se amontonan en la puerta o en la mitad del colectivo. Esto provoca que las personas que esperan en la parada no puedan ingresar  por aparente falta de lugar. Esta tendencia de los pasajeros a quedarse muy cerquita puede relacionarse con el miedo a pasarse de parada -sobre todo, si no están habituados a la zona - o con la comodidad de ir de pie. De todas formas, estas decisiones generan el efecto contrario y terminan siendo una incomodidad para todos los pasajeros y para el colectivero, también.

"Un asiento para la señora que tiene un bebé"

En todos los colectivos hay asientos reservados específicamente para personas con movilidad reducida, adultos mayores, embarazadas o personas que cargan a un bebé en sus brazos. Sin embargo, es bastante común que algunos pasajeros que no cumplen con estas características tomen esos lugares. Y no solo eso. Es frecuento que éstos no se inmuten ante la llegada de un señor mayor, de una señora con bastón, de una madre con su hijo. Es en ese momento en el que el colectivero, además de cumplir con su tarea de llevarlos a destino, debe pedir que aquellos pasajeros dejen de hacerse los distraídos y cedan el asiento que le corresponde a otros.

"Viamonte está cortada, hago Riobamba-Córdoba-Callao"

Seguro utilices la misma línea de colectivo hace años para ir a la oficina, todos los días en el mismo horario y desde la misma parada. Te sabés el recorrido de memoria. Pero puede pasar que una mañana  la calle te obligue a cambiar la rutina.  Es muy común que el camino se vea forzado a modificarse ya sea por alguna manifestación, corte de luz en la zona, rotura de semáforos o por algún evento en la vía pública. Por suerte, contamos con nuestro fiel colectivero que nos indica por dónde va a ir por excepción para que no nos desesperemos. 

"Te lleva el otro ramal, viene atrás mío"

Cuando nos tomamos un colectivo para ir a un lugar por primera vez, es probable que estemos inseguros. Aunque nos hayamos fijado mil veces el recorrido en el mapa, necesitamos una última confirmación de que estamos haciendo las cosas bien. Es por esto que, antes de subir a un bondi de una línea que no solemos frecuentar, le preguntamos al colectivero si nos lleva a tal o cual calle. Por lo general tenemos suerte y sí, ese bondi nos lleva. Pero, otras veces, le erramos por un pelito y no paramos al ramal correcto. Por suerte contamos con la buena voluntad y la amabilidad del colectivero que no solo nos informa cuál es el ramal preciso, si no que nos tranquiliza diciéndonos que está por llegar. 

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