Ser Argentino. Todo sobre Argentina

La agresión como muestra de cariño

Infligir dolor físico o psicológico en otra persona nunca es un acto amistoso

Si hay una costumbre argentina (y en este caso sí es solo argentina, no conozco otro lugar en el que exista), es la agresión como caricia. ¿A qué me refiero? A enchastrar al que se recibe. A la manteada como bienvenida. Hasta el inocente tirón de orejas del cumpleaños. ¿Por qué demostramos el cariño con violencia? ¿Qué estamos transmitiendo en ese acto? Estoy muy contento de que en esta posmodernidad líquida que vivimos todo se deconstruya de a poco y empecemos a plantearnos cosas que antes dábamos por cerradas. Es la forma en la que las sociedades evolucionan, interrogándose por qué hacen las cosas que hacen, dónde y en qué momento nacieron las costumbres, qué es “natural” (me atrevo a arriesgar: nada) y qué “cultural” (arriesgo de nuevo: casi todo). De hecho, si me apuran, ése quizás sea el principio fundamental de la filosofía, no dar nada por sentado y preguntarse absolutamente todo para llegar al verdadero fondo de la cuestión. Bienvenidos al fondo. Me gusta no estar tan solo. Volvamos al tema de la violencia y el cariño. ¿No hay algo siniestro en ensuciar con saña a alguien que acaba de dar su último final en la universidad? ¿No sería mejor invitarle una cerveza? ¿Por qué golpeamos en manada a los recién llegados? ¿Qué tipo de ritual ancestral estamos llevando a cabo y cuál es su significado? ¿Hay envidia en el primer caso? ¿Hay un mensaje de “cuidado con las jerarquías” en el segundo? ¿Qué se propone quien tironea de las orejas de un cumpleañero? ¿Arruinarle aunque sea un ratito del cumpleaños? ¿Hacerle sufrir su puesto de protagonista? ¿Por qué es común en la adolescencia saludarse con un puñetazo en el hombro o juguetear al boxeo? La violencia es muy hábil para camuflarse en las situaciones menos esperadas. Y la nuestra es una sociedad cada vez más violenta. La combinación es pésima. Tengamos cuidado con las situaciones en las que la violencia se escabulle y se hace pasar por cariño. Infligir dolor físico o psicológico en otra persona nunca es un acto amistoso. Nunca. 

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