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¿Hay algo peor que una violación?

El tema de la semana: la denuncia de violación de menores contra Juan Darthés.

¿Hay algo peor que una violación? Sí, una violación de menores. Creo que parte importante del revuelo que se armó tras la valiente denuncia de Thelma Fardin contra Juan Darthés tiene que ver con que no sólo sufrió una violación por parte de alguien 30 años más grande, sino que la sufrió siendo una nena. Y ese dato, que para mi completa sorpresa está pasando bastante desapercibido en los medios, es lo que cambia el paradigma del caso. ¿Por qué? Veamos. Es muy común, según narran las víctimas de abuso de cualquier tipo, que en una primera instancia no se les crea. A veces, de hecho, es tan monolítica esta opinión del entorno, que hace dudar hasta a la víctima. “Quizás lo provoqué”, “tal vez di a entender algo que no quise”, “en una de esas no se dio cuenta de lo que estaba haciendo” (tengamos en cuenta que la mayoría de los abusos de menores se da de manera intrafamiliar, es decir que quizás la abuela de la abusada tiene que aceptar que el violador de su nieta es su hijo). Si a eso le sumamos que en este caso la abusada fue una actriz, da como resultado el viejo axioma de “es un ambiente con mucho contacto físico, trabajan con el erotismo, uno puede equivocarse”. Lo destacable del caso es que a una menor de edad no le pueden decir eso. Por algo existe la figura de estupro: a esa edad, el sujeto no está en condiciones de saber si quiere o no quiere. ¿Se puede discutir si alguien de 16 años ya se desarrolló sexualmente como para saber si quiere o no? Sí se puede. El tema es que si no quisiera, quizás lo que no haya desarrollado son las capacidades para comunicarlo. O tenga miedo a las consecuencias de la negativa. Entonces, ante la duda, la respuesta es siempre no. Pero esto me lleva a pensar en qué terrible es la cruz que están obligadas a cargar quienes pasaron por lo mismo con un par de años más. Con solo dos años más, habiendo cumplido 18, ya estarían siendo puestas en tela de juicio todo. Y eso solo deja de manifiesto algo, a mi entender, más terrible aún: cuando fue el fenómeno “me too”, el Washington Post hizo una encuesta con actrices de todo el país (conocidas, novatas y megaestrellas) preguntando si alguna vez en sus carreras habían atravesado una situación de acoso sexual. El 94 % ¡94! dijo que sí. ¿Por qué no lo denunciaron? Porque temieron perder sus carreras. Porque la industria “funciona así”. No hace tanto tiempo atrás, los trabajadores asalariados no tenían día de descanso ni vacaciones ni jornadas de 8 horas. Hubo algunos que se quejaron. Otros no lo hicieron, temiendo contrariar a quien les pagaba la miseria que les alcanzaba, por lo menos, para que sus hijos no murieran de hambre y frío. Pero hubo otros, y estos son los imprescindibles, que armaron un quilombo tremendo. Las mujeres se están dando cuenta del poder que tienen cuando se juntan. Y por suerte, creo que lo van a usar. El movimiento feminista argentino es modelo en el mundo, marca el rumbo de las luchas de género en todo el planeta. Ni un paso atrás, compañeras. Tenemos muchas expectativas en ustedes.
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