Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Ese miedo.

Para los que vivimos en el oeste, en el Sarmiento se viajaba muy mal, lo usabamos igual, pero con miedo.

22 de febrero de 2012: Tragedia de Once

Una mañana más de un día cualquiera, en el mismo andén de siempre, esperás a que llegue el tren que –si no hay demoras– te deja justito en la estación de Once para combinar con el subte y llegar a las 9 al trabajo. Entrás apretado, pero a partir de Liniers se va liberando un poco. Llegando al final del recorrido, para ahorrar tiempo, caminás por adentro de la formación, de vagón a vagón, para bajar más adelante y salir directo a los molinetes. Una estrategia que muchos aplican, pero que esa mañana resulta ser la peor decisión de tu vida.

Cuando sucede una tragedia, se cruzan muchos protagonistas: los responsables, las víctimas y la fatalidad. Y también están aquellos a quienes la casualidad o la suerte aleja del lugar de los hechos. Eso me pasó a mí con la tragedia de Once: hasta unos meses antes del accidente, era pasajera frecuente de ese mismo tren que se llevó las vidas de 52 personas.

Para los que vivimos en el oeste, el Sarmiento siempre fue un mal necesario: se viajaba muy mal, pero era el medio más rápido y más económico para llegar al centro. Por eso, luego de probar alternativas y combinaciones de colectivos y subtes, la mayoría de mis coterráneos terminábamos eligiendo ese medio. Y ese miedo.

Sin embargo, nadie pensó que los riesgos podían llegar a ese extremo hasta ese 22 de febrero de 2012. Mala administración, corrupción, negligencia: los motivos son tantos como los responsables. En un país habituado a las tragedias, es importante no perder de vista que todo sucede por una cadena de hechos y decisiones.

Es importante no olvidar que los responsables tienen nombre y apellido. Por todos los que comenzaron una mañana más y nunca pudieron bajar de ese tren.

Rating: 0/5.