Buenos Aires - - Miércoles 23 De Septiembre

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Esclavitud en el siglo XXI: ¿por qué miramos para otro lado?

Tema de la semana: la trata de personas.

Así somos

Un día por la radio escuché que un fabricante pedía costureros para su taller. Yo vivía en Bolivia, en Santa Cruz. Llamé por teléfono al número que había dicho el locutor y atendió una señora. Me dijo que pasara a verla esa misma tarde. Fui.

La ONG Walk Free Foundation mide 162 países, determinando un rango según su población y las denuncias de trata de personas y matrimonio infantil. Argentina ocupa el puesto 122: se estima que existen alrededor de 35 mil trabajadores esclavos, en su mayoría provenientes de países limítrofes.

La señora me dijo que pagaban un dólar por prenda terminada, además de casa y comida. También me iban a pagar el pasaje, que después me lo iban a descontar de lo que fuera ganando. “¿Qué pasaje?”, le pregunté. "A Buenos Aires”, me respondió. “Pero yo no quiero ir a Buenos Aires”, le dije. “Trate de conseguir ese pago aquí” fueron sus palabras. Tenía razón. Me empezó a interesar.

Esa misma ONG destaca las políticas gubernamentales argentinas para combatir la trata (en su mayoría sancionadas entre 2007 y 2014). Además de nuestro país, Estados Unidos, Canadá, Nicaragua y Brasil forman parte de las naciones más preocupadas por este flagelo.

Mi pasaje más el de mi mujer salía 140 dólares. No es tanto, pensé. Son 140 prendas. Si todo va bien, puedo hacer unas 20 por día. En una semana habré saldado la deuda. Y mientras, mi mujer podrá buscar otro trabajo, quizás no tan bien pago, pero por lo menos alcanzará para los gastos diarios. Cada vez estaba más interesado.

Los trabajos forzados incluyen una amplia variedad de oficios, pero los sectores más afectados son el trabajo rural y textil.

El día del viaje me sorprendió que no viajamos en un autobús de línea comercial, era un micro de corta distancia. Quizás por eso fuera tan barato. Además de mi mujer y yo, había otras diez personas más o menos. Cuando llegamos a Buenos Aires, esperaba encontrarme con la terminal de Retiro, que tantos viajeros bolivianos me habían mencionado a la vuelta de sus visitas a la Argentina. No fue así. Nos llevaron directamente al taller.

Según el INDEC, el trabajo no registrado en la industria textil alcanza el 75 %. Si bien no todos son forzados, el trabajo en negro ayuda a esconder la esclavitud moderna. Los informes más serios afirman que hay cerca de 3000 talleres clandestinos solo en la Capital Federal. En el primer cordón del conurbano hay por lo menos otros 15 mil.

No sé bien dónde estaba ubicado el taller porque hasta el día en el que nos rescató la policía no pude salir. Eran dos habitaciones muy grandes con unas veinte máquinas. En el fondo, un perro enorme, creo que un Rottweiler, vivía encerrado en una jaula. Nunca lo vi salir. Ladraba todo el día y toda la noche. No lo alimentaban nunca, creo que para que esté enojado todo el tiempo. Un Rottweiler enojado da mucho miedo. Una vez, uno de los jefes le tiró un gato vivo por entre los barrotes. El gato no tocó el piso. No tardó más de un minuto en comérselo entero, hasta los huesos.

En los talleres clandestinos de nuestro país (a los de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano hay que sumarle los de Rosario, Mendoza y Córdoba), unas 200 mil personas están reducidas al trabajo forzoso o al trabajo esclavo, que es lo mismo que el trabajo forzoso pero agravado porque la voluntad de los trabajadores es controlada las 24 horas del día por la patronal (una forma muy amable de llamar a los secuestradores). ​

En esas dos habitaciones trabajábamos, comíamos y dormíamos todos. Había familias con niños. Por suerte, con mi mujer nunca pudimos tener hijos. Lo habíamos intentado durante mucho tiempo, pero dios no quiso. Lo que en su momento me parecía algo muy triste, en Buenos Aires me pareció una bendición.

La trata de personas es un delito internacional, considerado de lesa humanidad. A nivel mundial está ubicado tercero en el ranking, detrás del tráfico de armas y de drogas. Los 21 millones de personas esclavizadas generan unos 35 mil millones de dólares por año.

Trabajábamos todos los días, desde las siete de la mañana hasta la una de la mañana del día siguiente. Al que se cansaba o quería dormir o se sentía enfermo, el dueño amenazaba con “cagarlo a palos por vago”. Las puertas del taller siempre estaban cerradas con candado del lado de afuera. Más de una vez pensé en prender fuego la tela y que se acabe todo. Creo que mis compañeros no habrían estado en desacuerdo.

Fecha de Publicación: 22/01/2019

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