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Entre la desidia y la paranoia

Ante el avance del coronavirus, los argentinos tomamos actitudes opuestas. Los extremos nunca son buenos: ¿cómo podemos enfrentar esta pandemia?

Escuchar la palabra “pandemia” da miedo, es inevitable. Ver lo que sucede en el mundo y sentir que se va acercando, que irremediablemente también va a pasar acá, es complicado. Ante el avance del coronavirus, los argentinos estamos fluctuando entre la desidia y la paranoia. Por un lado, está el que le resta importancia o, peor aún, actúa de manera irresponsable. Por el otro, el extremo opuesto: el que exagera, reacciona por demás y clama que nos vamos a morir todos.

La desidia

Ni una cosa ni la otra. La desidia puede traer como consecuencia que el virus efectivamente se termine propagando de manera incontrolable. Que eso no suceda depende de todos, más allá de las medidas que pueda tomar el Estado. Pero, seamos sinceros: a los argentinos nos cuesta obedecer reglas. Creernos vivos por mandar a los chicos al colegio cuando acabamos de volver de viaje, evitar ir al médico si presentamos síntomas o no hacer la cuarentena cuando es obligatorio pone en riesgo la salud de todos. El coronavirus está, existe, no es un invento de los medios. No nos vamos a morir todos, pero es responsabilidad de cada uno lograr que el efecto de la pandemia en nuestro país sea el menor posible.

La paranoia

En la vereda de enfrente está la paranoia. Los exagerados, los que compraron quinientos barbijos y todo el alcohol en gel de la farmacia. Es real que hay otra característica de los argentinos que no colabora en este momento: somos cálidos. Nos saludamos con besos y abrazos, compartimos el mate, hablamos de cerca. Estas actitudes pueden poner muy nervioso a un paranoico. O, más aún, a un hipocondríaco. Sin embargo, esa actitud no solo genera histeria, estrés y preocupación por demás: genera que exista gente que termina yendo a la guardia sin los síntomas reales, lo que puede ponerlos en contacto con personas que sí estén infectadas. El bombardeo de los medios y las fake news, por su parte, colaboran con esta paranoia. Estamos sobreinformados y es difícil distinguir hasta qué punto llega la gravedad del asunto.

¿Qué actitud tomamos, entonces? La intermedia. Tener presente que es algo serio, que realmente está pasando. Ser responsables y tomar todas las medidas de precaución recomendadas por los organismos competentes. Pero no exagerar: conservar la calma es fundamental en estas situaciones.

Cuidémonos entre todos que, con suerte, en un tiempo el coronavirus será solo una anécdota.

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